REBAR
La campanilla de alarma partió -para mí, al menos- de una nota que publicó en "La Nación" de Buenos Aires, su corresponsal en Italia, Elisabetta Piqué.
Según ella, la gigantesca deuda pública del país, movió el propósito de "hacer caja" vendiendo islas de la Costa Esmeralda, y de la laguna de Venecia; playas, bosques, ríos, lagos, faros, castillos... y hasta algunas cimas de los famosos Dolomitas. Este "repertorio" se conformaría sólo para empezar la función de venta, porque ya están a la vista otros tesoros peninsulares (algunos, declarados Patrimonio de la Humanidad), para ofertarlos a quienes aspiren a vivir en una isla del Adriático, o en la de Palmarica, en la Liguria.
Esta iniciativa dará lugar, sin duda, a encendidas polémicas, entre las que seguramente se mezclarán determinadas preguntas: "¿Qué hacemos con Berlusconi?... "¿Venderlo, aunque sea en cuotas?... ¿Rematarlo, al mejor postor?... o permitirle que siga viviendo al son de "Siga el corso", en su exclusivo circo donde se renuevan constantemente las payasadas, mientras él -siempre delicado y fino- sube y baja de las cabalgaduras a las más bellas amazonas que lucen, deslumbrantes bajo las sábanas... (perdón, me traicionó Freud: quise decir, bajo las lonas circenses)...
Hace poco, en ocasión de celebrarse en Canadá la Cumbre del G8, se presentó llevando a su lado a una rubia esbelta, de extraordinario parecido con la muñeca "Barbie"... Nadie entre los que fueron testigos de esa presencia estelar, podía suponer que se tratara de una guardaespaldas del primer ministro itálico. Picados por la curiosidad, pudieron averiguar que la joven -de 28 años- se llama Federica Gagliardi, e integraba la comitiva de "Il cavaliere" como su asistente personal con entrada libre a todas las localidades.
Es probable que sea ella quien le haya inspirado sus últimos éxitos en el área de la composición de canciones de amor, una antigua pasión del gobernante más divertido del planeta, que al parecer reapareció ardientemente... y volvió para quedarse.
Hay rumores de que, apartándose un tanto de los temas románticos, Don Silvio tenía escrito un "Himno a la azzurra", que él mismo habría desentonado haciendo una ruinosa competencia al perro, en la bienvenida a los Campeones Mundiales de Sudáfrica. Buscando explicar el rotundo fracaso del seleccionado compatriota, habría dicho a sus íntimos: "Esto es obra de la maldita oposición".