Esta historia real es desoladora, pero también fascinante. Se trata del caso insólito de una pobre limpiadora francesa de comienzos del siglo XX, convertida en pintora famosa por un hecho casual: su relación con un alemán especialista en arte, que la conoce en 1914, descubre su secreta afición por la pintura e influye para que abandone el servicio doméstico y empuñe definitivamente los pinceles, proceso que logra trabajosamente. Hay que ver con que detenimiento y con que finezas de observación la película registra el camino de sensibilización de esa artista oculta, a partir de sus deleites solitarios en la contemplación de la naturaleza y su conmovedor empeño en elaborar los colores con que pinta.
Mujer rudimentaria y hermética, Séraphine también tiene un delirante fervor religioso que anticipa su caída posterior a la demencia, un declive lento que corre paralelo con la tenacidad de su vocación. Morirá en un manicomio ya vieja, en 1942, aunque antes tuvo tiempo de saborear los primeros indicios de la notoriedad. En memoria de ella se arma esta hermosa biografía, que disfruta además de una formidable actuación central de Yolande Moreau, capaz de levantar su intensidad sobre pocas palabras y pocos gestos, dirigida con mano muy delicada por Martin Provost y bañada por una fotografía que por momentos parece desdoblar -a través de paisajes campestres y contraluces- la pasión artística del personaje.
SÉRAPHINE
ficha
Francia 2008. Título original: Séraphine. Dirección: Martín Provost. Guión: Marc Abdelnour, Martin Provost. Elenco: Yoiande Moreau, Ultirch Tukur, Anne Bennet, Genevieve Mnich, Nico Rogner.
atención a...
El diseño de la figura protagónica, que avanza desde la simpleza hasta la alucinación, resuelto por una actriz que se apropia de ese retrato con absoluta reserva, como si toda su fuerza corriera por dentro.