MATÍAS CASTRO
Era una banda de cinco. Operaban en Los Angeles. Saltaban cercos, esquivaban cámaras, evitaban a los vigilantes y se introducían en grandes y famosas mansiones. En cuestión de meses se terminaron llevando un botín de mucho más de dos millones de dólares. La cifra no está nada mal, pero el destino de estos ladrones es bastante peor, porque sus blancos fueron celebridades y famosos de Estados Unidos. Y esto, a su vez, los ha convertido en una suerte de famosos criminales.
Los actores Orlando Bloom y Lindsay Lohan son dos de sus víctimas más famosas. Sus declaraciones en un juzgado no sonaron demasiado, según algunas versiones de prensa.
-Esa noche volví a la casa y me sentí, para ser honesta, tan violada e incómoda que literalmente empaqué tanto como pude. Porque no era por las cosas que se llevaron, sino el hecho de que alguien entró al único espacio privado que tengo en mi vida en este momento - dijo Lohan al jurado, en una declaración que ya tiene algunos meses.
- Es horrible porque de pronto estás dudándolo todo. El valor de las cosas en cierto modo se desvanece. En realidad la pregunta es ¿quién lo hizo?, ¿a quién comienzo a interrogar? - dijo Bloom.
En sus declaraciones hay un par de datos que salen a la luz. El dato referido a Lohan no es nuevo, en realidad, aunque pinta claramente la situación que vive: si su dormitorio es el único lugar que es verdaderamente de ella y de nadie más, es que su vida no tiene descanso. Lo que tiene que ver con Bloom es interesante ya que, al igual que ocurrió cuando los famosos argentinos hablaban escandalizados del tema de la inseguridad, aquí también la gente común y corriente puede ver un reflejo de la vida real en la vivencia de alguien que, supuestamente, está más allá de todo.
Lo que hizo esta banda de cinco ladrones es más grave. Pero sus consecuencias dieron la oportunidad de quebrar, o incluso entender, lo que separa y lo que une a las celebridades y a los demás.