VENECIA | ERNESTO PÉREZ-ANSA
La segunda jornada del 67 Festival de Venecia decepcionó, con los tres films aspirantes al León de Oro, tras la parcial decepción causada por "Black Swan", de Darren Aronofsky, exhibido en la inauguración.
Las películas de ayer fueron Miral del estadounidense Julian Schnabel, La pecora nera, del italiano Ascanio Celestini, y la japonesa Noruwei no mori (Bosque noruego), dirigida por el laosiano Tran Anh Hung.
De los tres, el más convincente fue Miral, de Schnabel, por tercera vez en Venecia (si no se cuenta su presencia en la Bienal de Arte de 1980). Basándose en el libro semi-autobiográfico de su compañera, Rula Jebreal, narra 40 años de convivencia difícil en la Palestina ocupada por los israelíes.
Pero ni el italiano La pecora nera -de y con Ascanio Celestini- única ópera prima del concurso, que adapta un texto teatral propio sin preocuparse de vestirlo con ropaje cinematográfico, ni el japonés Noruwei no mori (Bosque noruego) del laosiano Tran Anh Hung, exhausto retrato de amores juveniles, estuvieron a la altura de las expectativas.
Schnabel (Basquiat, Antes que anochezca, La escafandra y la mariposa) hace una versión cinematográfica del libro de su compañera, Rula Jebreal, que cuenta parte de su vida y de otras huérfanas palestinas crecidas en el orfanato de Dar Al-Tifel. Esa institución, desde la creación del estado de Israel en 1948, refugia a los niños víctimas del conflicto árabe-israelí. Schnabel trata el tema respetando ambas posiciones y con una narración que beneficia una óptica equidistante.
El reparto está dominado por Freida Pinto, lanzada al cine en 2008 por Danny Boyle en su exitoso ¿Quién quiere ser millonario?, y por la actriz palestina Hiam Abbass, en el de la fundadora del orfanato, con breves apariciones de Vanessa Redgrave y Willem Dafoe.
El quinto largometraje de Tran Anh Hung (El olor de la papaya verde) está basado en un best-seller japonés de Haruki Muratami, que cuenta las pasiones adolescentes de una generación crecida en medio de las revueltas estudiantiles de los años 60 del siglo pasado. Bosque noruego, que da cabida a un fugaz retrato de época, es un paso en falso (más) del autor del admirable y sutil "Olor de la papaya verde".
El italiano Ascanio Celestini, famoso en su país por apariciones teatrales y televisivas, presentó en Venecia su ópera prima, La pecora nera (La oveja negra), que no dejará rastros en su paso por la historia del cine. Interpretado por el mismo Celestini, en el papel de un loco que cree ser cuerdo y que finalmente debe enfrentarse con su condición mental, el film abusa de una narración en off en primera persona con metáforas y frases repetidas como muletillas, que pueden tener efecto en teatro pero que en cine fatigan al espectador.
La apuesta por la paz
"Declararse propalestino es ser un verdadero proisraelí" declaró ayer con énfasis el director Julian Schnabel, ateo y de origen judío, al presentar en conferencia de prensa su último film, Miral. Schnabel llega al Lido cuando se abre una esperanza en Medio Oriente, con la reapertura de negociaciones directas de paz entre Israel y Palestina y a todos los que creen en este sueño de paz está dedicada la película. "Yo espero que estas conversaciones puedan llegar a buen fin y que los negociadores empleen toda su energía en lograrlo", agregó.