Jefes políticos

Ricardo Reilly Salaverri

Con los años la memoria puede resultar traicionera. Si me equivoco pido desde ya perdón, delegando la responsabilidad en los óxidos de dicho recinto mental.

Creo que en el difícil tránsito que recorrieron nuestros antepasados por darnos patria y democracia, muchos hitos hicieron del Partido Nacional lo que ha sido y debería seguir siendo en la realidad del país. Eduardo Víctor Haedo, lejanamente ido y frecuentemente recordado -inevitable consecuencia del carisma y talento- en una reunión con jóvenes nos evocaba que, un extranjero le espetaba -setenta años atrás- "Batlle (por Batlle y Ordóñez) hizo esto e hizo aquello y ustedes los nacionalistas ¿qué hicieron?". A lo que, Haedo respondió "perdóneme señor, lo que pasa es que el Partido Nacional, es más que eso, es la Patria". Después de Artigas la afirmación de la soberanía nacional, de sus instituciones libres, de la dignidad y el enfrentamiento con el poder y el respeto de las minorías, han sido patrimonio del nacionalismo. Aunque otros quienes practican el internacionalismo y halagan a gobiernos totalitarios, se apropien de ellas y les den uso proselitista propio.

En este retorno a los recuerdos, en la dicotomía campo y puerto, campaña y Montevideo, afirmación oriental o internacionalismo, cosmopolitismo o nacionalidad, un antecedente insoslayable es la llamada Guerra Grande. Eufemismo que esconde lo que se debería designar como "Guerra entre los criollos del Plata y el imperialismo inglés y francés". Así, en el gobierno del Cerrito estaban todos los criollos, mientras que en Montevideo, Bartolomé Mitre dixit, lo que había era una mezcolanza de gringos, Garibaldi incluido.

Creo que, más adelante, los alzamientos de Aparicio Saravia, simplificando, apuntaban a evitar la concentración del poder político en Montevideo y en manos del Partido Colorado. Y, reivindicaban la descentralización territorial del poder y a que se aceptase la coparticipación de todos los orientales en su ejercicio, lo que llevó al reconocimiento de jefaturas políticas al frente de departamentos del interior al Partido Nacional. Dando curso la violación de los acuerdos celebrados al respecto -del Pacto de la Cruz- a la segunda revolución saravista que supo del martirio de Aparicio en Masoller. Mojón fundamental de la democracia bipartidista que se asentó luego para bien de la república.

La Constitución vigente reafirma a las autonomías de los gobiernos de los departamentos, como afirmación descentralizadora del poder.

Hoy, el gobierno nacional se prepara a erosionar los gobiernos departamentales, designando jefes políticos propios con propósito electoral. Atacarán a las intendencias con gobierno nacionalista y colorado y ayudarán a sus correligionarios. Nada de lo que el Frente Amplio hace es altruista. ¿En que van a colaborar en los gobiernos departamentales los jefes políticos designados a dedo, representantes de una franquicia electoral que en el marco de una corrupción notoria ha multiplicado y triturado los recursos de los contribuyentes de Montevideo y Maldonado, en exclusivo provecho del clientelismo político? (Si erré, perdón, es mi memoria).

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