MATÍAS CASTRO
Quince años atrás los incidentes policiales protagonizados por celebridades eran casi una excepción. Al menos su divulgación era la excepción y por ello cada vez que salían a la luz eran grandes espectáculos. Así ocurrió con el juicio de Michael Jackson, largamente televisado y antes aún con el de O. J. Simpson. Historias como las de Lindsay Lohan, Paris Hilton y otras figuras no eran siquiera imaginadas salvo en Los Simpson.
En estos días muchas notas de prensa hablaron sobre las predicciones hechas en un capítulo de Los Simpson emitido hace quince años. Es que, precisamente, en ese capítulo se mostraba el futuro, agosto del 2010. Entre las varias anticipaciones acertadas que se mostraban allí, muchas de ellas cuestiones tecnológicas, estaba la de la catarata de celebridades tras las rejas.
En ese capítulo, el final de un informativo largaba una extensa lista de famosos que habían sido arrestados, como un informe semanal normal. La lista se formaba por muchos personajes ficticios, así que el acierto no era en los nombres sino en el hecho. Hoy las historias de famosos enfrentados a la ley son cosa corriente. Pregúntenle a Mel Gibson cuál es su experiencia sobre esto, si es que alguien en el Río de la Plata se le puede acercar tanto.
Toda esta situación responde primero a la manera en que han evolucionado los medios que persiguen noticias de los famosos. Porque ellos son los que permiten que nos enteremos de los arrestos y litigios judiciales. Justamente los juicios de Michael Jackson y O. J. Simpson demostraron el potencial que tienen estos temas a la hora de enganchar público.
No tengo datos que puedan afirmar que el comportamiento de los famosos haya empeorado en estos quince años. Pero sé que hay más medios, más dinero y más competencia detrás de las noticias que tienen que ver con ellos. Y hay, tal como pasa en la televisión por cable, más especialización. Por eso hay quienes persiguen exclusivamente este tipo de noticias escandalosas.