SAO PAULO | Con las campañas electorales a todo vapor, los 135 millones de electores brasileños se preparan a escoger en octubre al sucesor del presidente Lula da Silva con apenas una cosa en mente: votar por quien garantice mantener el buen momento económico.
El gigante latinoamericano atraviesa un momento de estabilidad y bonanza económica que comenzó en la gestión de Lula, quien el 1º de enero dejará el gobierno, con 80% de aprobación tras cumplir dos mandatos presidenciales, lo máximo permitido por la Constitución.
Los electores brasileños desean que la estabilidad y el crecimiento económico se mantengan, y ello acabó transformándose en una enorme ventaja para la aspirante escogida personalmente por Lula, su ex jefa de gabinete Dilma Rousseff.
"Los electores no están necesariamente mirando a la personalidad de Dilma (Rousseff) o a sus características", dijo el analista de la consultora Tendencias, Bernardo Wjuniski. Los brasileños "ven en ella el éxito del actual gobierno. Ella fue parte de ese gobierno. Ella fue escogida por el presidente que trajo los actuales beneficios. Ella es vista como más de lo mismo", apuntó.
La identificación entre la gestión económica de Lula y la candidatura de Rousseff le dio una enorme ventaja en los sondeos, de aproximadamente 20 puntos, sobre su más próximo adversario, Jo-sé Serra, ex gobernador del estado de Sao Paulo.
Así, la mayoría de los electores la percibe como la mejor apuesta para mantener el momento económico que ayudó a retirar a unos 30 millones de personas de la miseria hacia una clase media de rápida expansión. AFP