MATÍAS CASTRO
Mientras Amy Winehouse "luce descontrolada en un show", según la prensa mexicana, Lindsay Lohan intenta recuperar su licencia de conducir. Mientras Carmen Barbieri dice que se puso terriblemente tensa cuando se cruzó con Rocío Marengo en Bailando por un sueño, Angelina Jolie dice que Brad Pitt es aburrido en la cama y que ella es una mujer de familia. Algunos provocan, pierden los estribos y llaman la atención ante cámaras, otros intentan rehacer su imagen. Así de inquieto es el mundo de las celebridades.
Las cuatro noticias de las cuatro mujeres, tan distintas y lejanas entre sí, surgieron esta semana casi al mismo tiempo. Todas tienen en común el hecho de que en algún momento han soltado la lengua más de lo que se les pidió, consiguiendo mucha atención de la prensa y, por lo tanto, algunos puntos de popularidad. Winehouse ha hecho todo tipo de desastre imaginable; Lindsay Lohan fue arrestada, desafió a jueces, se drogó e hizo lo que quiso; Rocío Marengo ha hablado largo y tendido sobre sus colegas, siempre buscando pelea; y Angelina Jolie tiene una larga historia como provocadora mediática.
Jolie, por ejemplo, ha querido cambiar de imagen. Por eso mismo habla y muestra tanto a su familia. Ya no es la chica que hablaba de drogas ni de preferencias sexuales, sino que es la actriz comprometida con Unicef y madre de seis hijos. Y hay que reconocer que ha sido bastante efectiva a la hora de cambiar su imagen, algo que Wanda Nara, en otra zona del paisaje farandulero, no ha conseguido del todo.
Winehouse intentó lo mismo, pero no ha logrado convertirse en una persona más o menos estable. Lohan recién sale de rehabilitación, así que tendremos que darle algo de tiempo hasta ver qué hace con su vida. Pero Marengo, por ejemplo, nunca ha cambiado su imagen, porque desde que apareció públicamente hasta ahora es la vedette que busca a la cámara con sus peleas. Sea como sea, provocando o no, todas son formas de mantenerse ante los medios y de no dejar nunca de mostrarse.