THE NEW YORKTIMES | A.O. SCOTT
Antes su estreno, "Kick Ass" obtuvo cierto grado de notoriedad gracias a la escena donde Hit-Girl, una vigilante enmascarada interpretada por Chloë Grace Moretz, descerraja un chorro de obscenidades en una habitación llena de enemigos.
La provocación y las respuestas que ha generado, entre el `shock` y la diversión, tienen una especie de cualidad ritualizada. Ya lo hemos visto antes: una película tantea los límites, y las líneas de batalla retórica se establecen: "¡Cómo se atrevieron!" se enfrenta con "¡Vamos, despabílense!".
En la película, la más reciente adaptación de un cómic que se ha atrevido a desafiar la norma de la PG-13 (guía para padres, aconsejable para mayores de trece años) y ha buscado una calificación R (Restricted, para mayores de 17), Hit-Girl tiene once. Moretz, una actriz enérgica y encantadora, tiene trece. Quienes han vivido con niños cerca saben que dicen las cosas más gruesas, incluyendo muchas que no pueden ser impresas en un periódico. Esto no significa que las palabroteras líneas de diálogo de Hit-Girl sean fáciles de asimilar. Pero es curioso que lo que el personaje dice haya generado toda la polémica, no lo que hace.
VIOLENCIA.Y lo que hace es atacar a sus enemigos con toda clase de armamento: afiladísimas espadas, armas de fuego de grueso calibre, sus ágiles y delgados puños. El resultado, aunque poco realista, está lleno de imágenes y sonidos de daño corporal. Los huesos crujen, la carne se lastima, la sangre salpica, brazos y piernas vuelan y los cuerpos caen al suelo con un ruido sordo.
Este tipo de espectáculo truculento no es nada nuevo, aunque hay cierta novedad en el hecho de ver a una niña provocar toda esa carnicería. Y en las escenas de lucha finales, mientras Hit-Girl se dispone a ejercer su definitiva venganza contra el jefe de los villanos, se convierte a la vez en víctima y agente de la violencia. Tras sobrevivir a un fuego de ametralladoras es golpeada, sacudida, empujada y amenazada con un arma apuntada a su cabeza.
No estoy revelando nada al decir (es una película de superhéroes, más allá de las libertades que se toma con el género) que por supuesto Hit-Girl sobrevive. En otra palabras, los autores (el director Matthew Vaughan, la libretista Jane Goldman, los creadores de la novela gráfica original Mark Millar y John Romita Jr.) se detienen antes de mostrar el asesinato de una niña como entretenimiento. Esta restricción, si podemos llamarla así, representa un reconocimiento de hasta dónde el público está dispuesto a llegar, pero es también una prueba de cuán inmunes a la brutalidad se han vuelto muchos espectadores.
Y aquí empiezan de nuevo las discusiones. Criticar la violencia en el cine es la forma más segura de ser tachado de rezongón, moralista o temeroso que se niega a entender que las películas no son reales. Siendo alguien habituado a las emociones viscerales de la acción cinematográfica y las sangrientas satisfacciones de la venganza dramática, no deseo incurrir en el estereotipo. Pero pienso también que la acrítica defensa de la brutalidad en el cine, y especialmente del poco imaginativo, semiburlón sadismo que atraviesa esta película de superhéroes, puede ser evasivo e irresponsable. Me perturba que, a diferencia del lenguaje fuerte o la sexualidad, la violencia no resulte hoy escandalosa.
No siempre fue así, claro. Los estudiosos de la historia del cine recuerdan las polémicas de los años sesenta sobre Bonnie y Clyde y La pandilla salvaje. Algunos críticos (notablemente Bosley Crowther en The New York Times) se horrorizaron ante el tono anárquico y casi alegre de los tiroteos de Bonnie y Clyde, y las sangrientas muertes en cámara lenta de ambas películas les parecieron extremas y gratuitas. El contraargumento parecía empero sencillo: el cine no podía aislarse de un mundo poblado de guerra, criminalidad y disturbios sociales, y la violencia constituía una oportunidad de exploración estética para los cineastas ambiciosos.
Polémicas a un lado, las películas se han vuelto mucho más violentas y las objeciones se han desvanecido. La tendencia a derramar sangre, favorecida por la ausencia de cualquier tabú más fuerte que una calificación R, continúa otorgando una aureola de audacia y autenticidad. Esto resulta especialmente notorio en películas que provienen del cómic. Kick Ass sigue a Sin city, Watchmen y Punisher en su reemplazo de las acrobacias de los dobles de riesgo y el antiséptico montaje que han permitido que la mayor parte de las películas de superhéroes sea adecuada para adolescentes, por amputaciones, chorros de sangre arterial y prolongadas escenas de tortura.
CAMBIOS. La violencia en el cine tiene una manera de existir por sí misma. No puede ser realmente defendida o condenada racionalmente, sino experimentada y juzgada de acuerdo al gusto de cada uno. Y el gusto ha cambiado en el público del cine `mainstream`. En 1978, la película I spit on your grave fue ampliamente rechazada por la forma en que mostraba en detalle una violación y una venganza. Y, sin embargo, no difería demasiado de lo que se ve en la más reciente adaptación de una de las novelas de Stieg Larsson. Ambas pertenecen al mismo espectro de Irreversible (2002) de Gaspar Noé, que narraba en reversa su historia de violación y venganza, y borraba toda distinción entre la condena de la brutalidad sexual y la aprobación de su desquite.
I spit on your grave se colocaba deliberadamente a sí misma en el límite de lo aceptable, y como muchas otras películas discutibles que se han vuelto "de culto" poseía cierto carácter transgresor y una dosis de energía. Pero Kick-Ass es entretenimiento `mainstream`. Todos pueden participar en la carnicería y disfrutar la dinámica coreografía de las balas que silban y lar arterias que sangran. Es simple diversión, cosa de niños, no significa nada. Esa es la sabiduría convencional, que silencia las objeciones éticas, y da a entender que golpear a un niño hasta lo extremo es un gesto de audacia.
Tres pasos hacia la popularidad
Mi abuela es un peligro
2006
Moretz tenía nueve años (y media docena de papeles secundarios en cine y televisión) cuando actuó en esta comedia en la que el "afroamericano" Martin Lawrence repitió su papel de agente del FBI que se hace pasar por una abuela.
500 días con ella
2009
Comedia independiente de Marc Webb acerca de un amor fallido. Moretz interpretaba a la hermana menor del protagonista (Joseph Gordon Levitt), más madura y sensata que él, y a quien le sirve de consejera y paño de lágrimas.
Let me in
2010
La "remake" norteamericana del exitoso film sueco "Criatura de la noche", sobre un joven conflictivo que es auxiliado por una adolescente vampiro. Por supuesto, Moretz es la "no muerta". Actualmente está en postproducción.
Angelina Jolie como fuente de inspiración para la acción
Chloë Grace Moretz reconoce que cuando vio el film Se busca, quiso ser como Angelina Jolie en esa película. Kick Ass le permitió, asegura, cumplir ese sueño ("ser una heroína de acción, el poder femenino, tener el papel más importante").
Parte de la broma, a veces macabra, del asunto es que al presunto héroe (o al menos el que usa las ropas de superhéroe), interpretado por Aaron Johnson, las cosas le salen generalmente hace mal, mientras Moretz es quien dice las palabrotas y comete las brutalidades.
El director Vaughn, quien coescribió el libreto con Jane Goldman, define al film como "lo último en relaciones paterno-filiales". Moretz es entrenada por su padre (Nicolas Cage) para ser una asesina, y, en lugar de muñecas Barbie, hay cuchillos y granadas de mano.