CARLOS REYES
"Agosto" permite el lucimiento del escenario mayor del teatro El Galpón a pleno, así como el despliegue de un gran elenco interpretando un texto de Tracy Letts que tiene mucho para decir.
En esta obra, Letts hace pensar en las grandes piezas dramáticas norteamericanas de los años `40, como La muerte de un viajante, o Un tranvía llamado Deseo, de las que toma diversos elementos, desde la crítica a la familia tipo más o menos desarticulada, hasta los nexos entre los vínculos sociales y familiares. En ese sentido, Agosto. Condado Osage, tiene mucho de epopeya familiar, donde van apareciendo antiguos secretos, frustraciones, rencores, fracasos. A esos aspectos, que emparientan la obra con clásicos del siglo XX, el artista suma una serie de temas y de comportamientos que están más presentes en la posmodernidad, desde el consumo indiscriminado de drogas hasta las actitudes lúdicas, aparentemente sin sentido.
Este texto, que ganó el Pulitzer, y el Tony en 2008, está muy bien aprovechado por la compañía de la calle 18 de Julio, que cuenta con un elenco numeroso para darle vida. Dirigido por Héctor Guido (quien sin imponer mayores novedades infiere a la puesta en escena bastante dinamismo), el trabajo sabe pasar por una gran cantidad de climas mientras conserva la psicología de una docena de ricos personajes, cada uno en su cuerda, con sus problemas y sus cambios progresivos.
Empezando por la protagonista, Gloria Demassi, quien asumió el papel de Violeta sustituyendo a María Azambuya, que tuvo que dejar la pieza por razones de salud. Y la actriz suplente realiza un personaje formidable, dándole a esa mujer enferma y vencida por la vida todos los matices, desde la prepotencia hasta las flaquezas.
La gama de personajes femeninos que tiene la obra es enorme, y las mujeres del reparto parecen disfrutar mucho sus distintos roles, desde Sandra Américo (siempre creativa y convincente) hasta Alicia Alfonso, Lucía David de Lima, Soledad Frugone o Estefanía Acosta. El elenco masculino también cuenta con grandes trabajos, entre ellos el de Luis Fourcade y el de Walter Etchandy, por sólo citar a los más veteranos.
Otro mérito paralelo es del escenógrafo Osvaldo Reyno, y de la producción que pudo avalar semejante despliegue escenográfico. Sobre el escenario mayor, el escenógrafo armó una gran casa de madera, dos pisos cortada transversalmente, recurso que da espacio al numeroso elenco y brinda mucha visibilidad a la platea. Espacios íntimos y colectivos se mezclan para permitir el desarrollo de una trama que si bien por un lado ocurre en un tiempo ficcional no muy extenso, remite a hechos del pasado para componer un enorme friso de una familia, con sus choques inevitables, sus ajustes de cuentas, y los sueños de cada uno de los personajes.
Trágica y divertida al mismo tiempo, la versión no tiene mucho de comedia, aunque sí presenta algunas situaciones humorísticas que distienden los momentos más duros, que son muchos y bien logrados.
Pero en lugar de hacer reír, el montaje consigue conmover, a través de varias historias crudas que confluyen en una sola. La intensidad de los personajes, las respectivas encrucijadas en que se encuentran, arman un juego de posiciones en donde el espectador puede sentirse muy comprometido, incluso identificándose con las situaciones de personajes opuestos.
En suma, la obra es extensa y transcurre sin decaimientos, sin hacerse larga. El delicado equilibrio entre el deseo de los personajes por tomar distancia de las situaciones familiares, y el modo en que están indefectiblemente inmersos en ellas, es uno de los puntos más interesante de este montaje, que merecería convocar más público del que está llevando.
Las tres camadas
Tres generaciones se dan cita en Agosto, la primera de ellas conformada por dos parejas de veteranos, interpretados por Luis Fourcade, Gloria Demassi, Myriam Gleijer y Walter Etchandi. El oscuro secreto entre las dos parejas pegará fuerte sobre la generación siguiente, tres hermanas de temperamentos y modos de vida muy distintos, interpretadas por Alfonso, Américo y David de Lima. Sobre Estefanía Acosta pesa todo el árbol genealógico familiar, a la vez que la joven busca marcar su propio rumbo.