MATÍAS CASTRO
Noreste brasileño. México. Nueva York. Montevideo. Europa. Canadá. Todos estos puntos geográficos y sus culturas musicales se cruzan en los oídos y las manos del acordeonista Rob Curto. Hoy y mañana se podrá disfrutar de lo suyo.
Esta noche Curto, un músico al que vale la pena descubrir, será solamente una parte del equipo que acompañe a la oaxaqueña Lila Downs en su show en el Plaza a las 21 horas. Mañana, a las 22 horas, le tocará el turno de ser el protagonista cuando ofrezca un recital en El Tartamudo (8 de Octubre y Berro), a las 22 horas. "He hecho muchas giras en Estados Unidos, Canadá y en Brasil con mi grupo, y también con Lila, pero ésta será la primera vez que aproveché para quedarme y dar un recital como solista", cuenta en una entrevista telefónica desde su casa en Nueva York, poco antes de partir hacia Montevideo.
Curto es reconocido como uno de los mayores responsables de la divulgación de la música brasileña, y en particular del forró nordestino, en Nueva York, no sólo como compositor e intérprete, sino como tallerista. Como acordeonista es muy elogiado por su forma de interpretar la música brasileña, con detallecitos que lo hacen confundirse con un músico nativo. Y eso que se acercó a esta música hace solamente diez años, aunque de ese tiempo pasó la mitad en Brasil, cuenta en inglés, aunque cuela algunas frases en portugués y dos o tres palabras en español.
"Realmente conecto con la cultura brasileña y la forma de ser que tienen ellos. Creo que no sólo es importante conocer la música sino que es importante conocer el idioma, por las inflexiones, los sonidos y la forma de comunicarse. Idioma y música están relacionados". Debido a que su familia tiene raíces italianas, siente que en su forma de entender la música y la gente hay muchos factores culturales heredados que no encajan en la idiosincrasia estadounidense, a pesar de que se define como un producto de la multiculturalidad de Nueva York.
descubrimientos. Su acercamiento a la música brasileña y luego al país le hicieron descubrir una especie de segundo hogar. "A su vez, los músicos brasileños traían consigo una gran cantidad de influencias del jazz, de otros músicos latinoamericanos, de Europa e incluso de África. Todo eso cerraba perfectamente para mí", cuenta.
Hasta hace poco más de una década, la especialidad de Curto era el piano. En cierto punto, recuerda, participó de un concierto en Nueva Orleans cuyo centro era un baterista local. En la banda que había armado ese baterista también estaba un bajista que conocía mucho de música brasileña. Curto lo sabía y se le prendió la lamparita en escena, cuando ató la coincidencia con una vieja curiosidad que sentía por esa música. Se acercó, le contó de su interés y le preguntó si había materiales de estudio, libros o lo que fuera para aprender. "Me dijo que la forma de aprender era escuchar, escuchar y escuchar. Me grabó una selección; usábamos cassettes en esa época. Y en ese casete había muchos músicos brasileños que tocaban acordeón. Me voló la cabeza", recuerda.
Después de eso cruzó el Atlántico en dirección a Europa, con el casete en el bolsillo. En esos sesenta minutos de cinta habían canciones de Dominguinhos, Hermeto Pascoal, Elis Regina y muchos otros. "Me enamoré y lo escuchaba como loco. Ese fue el comienzo de mi inspiración en la música brasileña". De ahí en más, se metió en un proceso de aprendizaje y descubrimiento que lo llevó a vivir en Brasil y más adelante a tocar con músicos como Arlindo dos oito baixos, Camarao y Silverinha.
La cultura brasileña le llegó "a través de aprender acordeón", intenta expresar en un español a medias pero divertido. Luego vuelve al inglés y explica mejor: "El nuevo instrumento y el nuevo lenguaje llegaron a la vez y como que renovaron mi vínculo con la música, trayendo una vida nueva a mi carrera musical".
Así, a grandes rasgos, es que se formó el repertorio que presentará en su concierto solista de mañana a la noche. Muchas composiciones originales, ubicadas en buena medida dentro del contexto de la música del nordeste brasileño y en particular del forró. Habrá también algunos temas de Luis Gonzaga y de otros músicos. Y la banda que lo acompañará refleja ese mismo carácter de multiculturalidad que está presente en su vida, ya que el percusionista que irá con él es chileno, el guitarrista es venezolano y el bajista es francés. Y a su vez, todos ellos, más otros músicos, participan de la banda que toca hoy con Lila Downs.
Un aspecto menos espectacular de la carrera de curto es el de sus talleres, con los que divulga y forma niños y adultos de su ciudad en la música brasileña. "El público es muy entusiasta, realmente descubren cosas para sus vidas allí y especialmente los que no son músicos profesionales, sacan mucho de eso".
Recientemente organizó uno en Brooklyn sobre uno de sus grandes mentores, Luis Gonzaga. Entre imágenes y música en vivo el taller se convirtió en una experiencia emotiva, cuenta. Inmigrantes brasileños, estadounidenses, músicos, melómanos y aficionados formaron su público. Casi lo mismo que nota en los recitales que ofrece allí. "Nueva York es un lugar donde la gente tiene mucho acceso a otras culturas, música e ideas, así que la gente suele estar muy interesada en este tipo de cruces de culturas distintas."
Influencia: Aprendió a tocar el acordeón a la vez que descubría la música brasileña.
Un proceso orgánico con Lila Downs
Rob Curto conoció a Lila Downs hace unos seis años, por medio de (como no podía ser de otra manera) un guitarrista brasileño que tocaba con ella. La mexicana nacida en Oaxaca quería incorporar a un acordeonista a su banda. Se contactaron e hicieron algunos recitales como prueba. Esa prueba se convirtió en una colaboración a largo plazo. "Lila es una artista completa. No es sólo una cantante, sino que tiene la visión artística integral de todo lo que quiere decir y hacer".
Tocar con Lila Downs tiene sus peculiaridades obvias, por el estilo de la música y también por la forma en que se maneja la banda. Los músicos que la siguen en la gira cambian según los destinos, aunque haya varios que están casi siempre a su lado. Y por otro lado, la etapa de la composición es todo un proceso de negociación. "Lila y Paul, el director musical, traen muchas veces buenas ideas con partituras ya armadas. Pero luego en los ensayos cada uno de nosotros puede poner sus propios aportes, cambiando cositas. Es un proceso bastante democrático en el que tenemos mucha libertad, aunque ella sea la compositora", explica Curto. Durante las giras, además, surgen nuevas ideas y suelen ser ensayadas en las pruebas de sonido. Si funcionan, se incorporan a las canciones. "Es un proceso orgánico", cuenta y es imposible no pensar en que dio el mismo adjetivo a su acercamiento a la música brasileña en su carrera solista.