COPIAPÓ | ANSA Y EL MERCURIO / GDA
Las tareas de rescate de los 33 mineros aislados desde hace 13 días a 700 metros de profundidad se complicaron y podrían demorar meses, por lo que los técnicos buscan instalar sondas para ubicarlos, mientras sus familiares permanecen en vela.
"Quedan varios días para llegar con estas máquinas al punto que estamos buscando", comentó André Sougarret, el jefe que coordina los sondajes para establecer contacto con los 33 mineros que el 5 de agosto quedaron atrapados tras un deslizamiento de tierra que cerró el ingreso a la mina de San José.
Sougarret explicó que cualquier otro método estaría completo en "varios meses", por lo que los técnicos ahora se centran en los sondajes y no en la perforación de nuevos accesos.
En la zona de la mina donde acampan los familiares de los atrapados se distinguen tres de las seis máquinas que, desde distintos puntos, perforan el cerro hacia el refugio de 50 metros cuadrados donde deberían estar los mineros, sin alimentos, tal vez sin aire y probablemente sin agua, a 700 metros de profundidad. Alrededor de ellas se mueven 200 rescatistas y expertos trabajando en turnos de cinco horas, que se rotan sin pausa durante el día y la noche.
Por allí está el psicólogo Sebastián Ayala, que llegó por su cuenta al campamento. Hace unos meses estuvo asistiendo a las víctimas del terremoto en Constitución y cuando escuchó la noticia del derrumbe viajó de inmediato hasta la mina.
"Lo único que quieren los familiares es hablar de otra cosa", comentó. "Están muy esperanzados en que todo saldrá bien, porque no tienen otra alternativa a la que aferrarse".
Esa es la situación de Carlos Zamora, que espera a su hermano, Víctor Zamora Bugueño, de 33 años y casado. Trabaja en esa mina desde hace 6 meses, tiene un hijo y su mujer está embarazada de seis meses. Provenía de la agricultura y la construcción, pero en la minería podía ganar más. El día que presentó sus papeles en la empresa fue junto a su amigo Carlos Barrios, de 27 años, otro de los atrapados. Carlos Zamora también se presentó esa vez.
"Pero no me gustó. Me hicieron dudar las condiciones del cerro y un accidente que había habido hace poco con dos muertos. Cuando mi hermano fue aceptado le dije que la mina era mala, que planchoneaba (caían escombros) a cada rato y que la roca se estaba desprendiendo por la presión", contó. Él lleva 22 años en la minería y sabía de lo que estaba hablando, pero Víctor estaba sin trabajo.
"Le advertí de los peligros. Me dijo que su plan era estar en la mina sólo hasta fines de este año. Iba a seguir en la minería, pero no acá". Sobre la carpa instalada por los Zamora flamea una bandera de Tierra Amarilla, otra de Chile que dice "Fuerza hermanos mineros" y una bandera blanca con el nombre de los 33 atrapados.
Ese campamento creado por las familias se ha transformado en una pequeña ciudad que tiene un casino y un sector instalado por la municipalidad donde duermen mujeres y niños. Hay un hospital de campaña de una ONG, dos ambulancias y un retén móvil de Carabineros.
Todo el tiempo pasan camiones, retroexcavadoras y autos en un incesante movimiento que no para hasta la noche. Hay detectives, casas rodantes, voluntarios de la Cruz Roja, personal de la Asociación Chilena de Seguridad, de la Oficina Nacional de Emergencia, del Registro Civil. También hay un ejército de periodistas, y los canales de televisión montaron sus antenas satelitales para transmitir en vivo la tragedia.
"INMUNDICIA". Entre el tumulto está Marta Salinas, esposa de Yonny Barrios, que a los 52 años es el minero más antiguo de los atrapados bajo tierra. "Pienso que él ya habría salido. Conoce la mina más que su propia casa y si hubiera encontrado un pequeño hoyo, con un alambre salva al resto. Es el que tiene más experiencia", contó.
Barrios entró a la San José en el 85 y volvió después de la última reapertura. Nunca le había ocurrido un accidente antes y el día del derrumbe no le tocaba trabajar. Había terminado su turno de siete por siete pero uno de los jefes le ofreció hacer un turno doble y él accedió.
"Aceptó por la plata -afirmó Marta-. Pero él sabía de las malas condiciones de la mina. A veces me decía: `Marta, el día que la mina se asiente vamos a cagar todos`. Y por eso me hablaba del seguro de vida y de los trámites que había que hacer para cobrarlo. Yo no le decía nada. Sólo le pedía que solicitara su jubilación anticipada, pero él me respondía: `De qué voy a vivir`. Me hablaba también del refugio, una inmundicia. Sólo tiene dos tubos de oxígeno, decía él. Y también se quejaba del almuerzo que le daban en la empresa, una bebida y dos sándwiches de mortadela lisa para las 12 horas de trabajo", contó.
Hoy, a 13 días del accidente, un letrero puesto por la empresa en la entrada de la mina parece una ironía de mal gusto: "El trabajo dignifica, hacerlo con seguridad lo valora", reza.
Gobierno conocía las fallas
La ministra de Trabajo Camila Moreno afirmó que el gobierno estaba al tanto de las condiciones de la mina San José y que la sancionó con una multa económica.
Tal como habían afirmado parlamentarios de la oposición, la cartera hizo un informe que daba cuenta de la falta de fortificación de los techos, la ausencia de señales en zonas de riesgo e incumplimientos de comités encargados de investigar las causas de los accidentes y enfermedades profesionales en la zona.
El documento se elaboró entre el 3 y el 29 de julio y se emitió el 6 de agosto, un día después del derrumbe que dejó atrapados a 33 mineros.