MATÍAS CASTRO
Basada en un libro para niños de apenas 350 palabras, la película "Donde viven los monstruos" llegó directamente a video. Este film de Spike Jonze podría ser, tal vez, la última rareza que se permita la industria del cine en varias décadas.
"Es como si el estudio que produjo hubiese estado esperando un niño y yo di a luz a una niña", contó en una entrevista Jonze, quien saltó a la fama con su largometraje debut, ¿Quieres ser John Malkovich?. "Ahora ellos están intentando amar y aceptar a esta niña que les di". Es que si bien el film merece muchos comentarios elogiosos, entre ellos el de que es tierna, plásticamente bella, inocente, perfecta y espectacularmente fotografiada, bien acompañada por una banda de sonido con mucho rock "indie", tuvo un camino muy complejo. Y aunque cuente la historia de un imaginativo niño que viaja a una isla donde gigantescas criaturas como de peluche lo hacen rey, tiene sus reveses.
La película costó, según la fuente que se consulte, entre 80 y 100 millones de dólares. Esto es más o menos lo mismo que muchas de las superproducciones que Hollywood arma con el objetivo de buscar el público más amplio posible. Y también es cinco veces más de lo que costó El ladrón de orquídeas, la película más cara que hizo Jonze. El gran detalle es que, con todo lo bueno que tiene el film, no es de la clase de películas que compita fácilmente con títulos masivos y familiares como La era del hielo o Shrek. Donde viven los monstruos requiere cierta sensibilización previa que va más allá de las ganas de la legítima intención de entretenerse un rato.
Warner Bros. fue el estudio que estuvo detrás de la película y que se ocupó de la producción. En Estados Unidos ellos declararon que atraería al más amplio público, pero lo cierto es que se encontraron que en los cines la cosa no funcionaba tan bien. De hecho en Uruguay su estreno estuvo programado para el verano pasado, se pospuso y finalmente se canceló.
La clave sobre esa diferencia entre el niño que esperaban los productores y la niña que entregó el director, está en las propias palabras de Jonze: "Tiene el lenguaje visual de cierta clase de películas de fantasía y hasta cierto punto es una película de fantasía. Pero tiene su propio tono. Quisimos que un niño de 9 años la viera como auténtica para su edad y que no se encontrara con un discurso cinematográfico en el que un niño de nueve años repentinamente aprende una gran lección. Todo lo que hicimos, todas las decisiones que tomamos, fueron para intentar capturar ese sentimiento de lo que es tener nueve años".
Por su elaboración estética, por su argumento y en particular por la falta de conflictos entre buenos y malos, es una rareza en Hollywood. Al menos lo es según los términos en los que fue planteada, como una gran producción que apuntaba a copar los cines. Lo bueno es que en tiempos de proliferación de los televisores LCD de buen tamaño, la oportunidad de verla en DVD no es del todo mala. Porque si hay algo que le sobra a la película es espectacularidad en su acción.
Inicios. Jonze, que es colibretista de esta película, no es de esos directores-celebridades como Steven Spielberg o Quentin Tarantino, pero es un tipo de mucho prestigio, especialmente porque en el mundo del cine sus únicos tres largometrajes se han llevado elogios y premios de la crítica. Y en particular los dos primeros tuvieron buenos resultados económicos porque empleaban presupuestos relativamente bajos, cosa que, además, le dio prestigio entre los productores.
El grueso de su trabajo ha pasado por el mundo del videoclip, ya que dirigió videos para Björk, Weezer, Tenacious D, Beastie Boys (el recordado video de Sabotage fue uno de los primeros de su carrera) y Sonic Youth, entre otros. Parte de su trayectoria también ha pasado por dirigir comerciales, pero a diferencia de otros directores que han hecho carreras similares, como David Fincher o Michael Bay, su paso por el cine ha quedado fuera del ataque de los críticos más puristas.
"Si comprometés lo que querés hacer para lograr solo una pequeña cosita, terminarás por comprometer algo más al día siguiente y a la semana siguiente; y cuando levantes la cabeza te vas a dar cuenta de cuánto te alejaste de lo que querías hacer al principio" dijo Jonze, cuyo nombre real es Adam Spiegel cuya mayor rareza es haber sido productor de la serie y films de Jackass. Ahora, que la película pasó por su proceso de lanzamiento en cines y demás exigencias promocionales, el director ha vuelto a filmar cortometrajes, videos de skate y de bicicletas BMX, que fueron los temas que comenzó filmando y fotografiando cuando era un adolescente que no tenía una vocación clara.
Por su experiencia es un director que sabe sobre estos temas. Donde viven los monstruos nació de un proyecto de adaptar un cuento llamado Harold y la crayola rosada, cuya idea básica tenía cierto parentesco con la de este film. Junto a un equipo de artistas trabajó durante un año en ilustraciones conceptuales, storyboards y desarrollo del guión. El estudio canceló el proyecto por considerarlo muy ambicioso, ya que mezclaba animación, acción real e imanes de computadora. "No querían mis ideas y creyeron que costaría mucho hacerla", explicó en una nota.
Poco tiempo después terminó metido en el desarrollo de Donde viven los monstruos, que combina algunas imágenes digitales, escenografías de miniaturas, marionetas, actores disfrazados y costó entre 80 y cien millones de dólares. Las ironías del mundo del cine terminaron por ponerlo delante de la mejor de sus tres películas hasta la fecha. Lamentablemente, en la lógica actual de distribución, llegó a Uruguay sólo en DVD.
Los dos antecedentes de spike jonze en el campo del largometraje
¿Quieres ser John Malkovich?
Francis Ford Coppola dio el puntapié inicial de este proyecto, al presentar a John Malkovich con Jonze, quien en el 97 era novio de su hija Sofia. Jonze era un joven tímido y los nervios le jugaron una trampa al presentarle el proyecto al actor. El film igual se hizo.
El ladrón de orquídeas
Un diálogo parecía profetizar lo que le ocurrió a Donde viven los monstruos. Un personaje preguntaba si era posible hacer una película sin argumento, sin personajes que aprendan lecciones de vida y que no atraviesen grandes viajes. El otro personaje le decía rotundamente que sería un fracaso comercial.
Historia del libro original
Maurice Sendak, el escritor e ilustrador del libro sobre el que se basa esta película, expresó los miedos de su infancia en su obra. Y de acuerdo a un perfil suyo elaborado por el New York Times, el miedo a los inmigrantes judíos del Este de Europa, transmitido en los años treinta por sus padres, se manifestó en Donde viven los monstruos, publicado en 1963. Quien no sepa de esto difícilmente pueda encontrar ese detalle en la película, aunque las numerosas interpretaciones que se le han dado al cuento también pueden estar presentes ante el film. En todo caso el gran logro es el aporte visual que le dio Jonze.