JORGE ABBONDANZA
Esta tarde en el Museo de Arte Contemporáneo de El País (18 de Julio 965, piso 2) quedará inaugurada una exposición de pinturas y dibujos de Miguel Ángel Tosi.
Nacido en Montevideo en 1946, el artista ha desdoblado en su obra plástica los altibajos emocionales de su vida. Mostró inclinación por el arte visual desde muy joven, llegando con los años a mostrar una capacidad expresiva que ha tenido el reconocimiento de numerosos colegas como Spósito, Aroztegui, Legrand, Ruiz o Cardozo. En esa labor, Tosi ha frecuentado distintos géneros, desde el retrato hasta la naturaleza muerta, empleando variadas técnicas (óleo, tinta, pastel) sobre soportes que van desde la tela hasta el papel o la madera.
Suele concentrar su temática a lo largo de series, como ocurre con las marionetas o sus "dibujos de la mente", que son ejercitaciones en un plano onírico. En los últimos tiempos ha expuesto en el Centro Cultural Dodecá de Punta Gorda, en el espacio de la Dirección de Cultura del MEC y en la Galería Sur de Punta del Este.
INCONFUNDIBLE. De trazo veloz y vivísimo cromatismo, las obras de Tosi tienen un sello personal inconfundible y una nerviosa expresividad que en algunos casos lo emparentan con los pasteles de Toulouse Lautrec. Como señala el crítico Pablo Thiago Rocca en el texto del catálogo que acompaña su exposición en el Museo de Arte Contemporáneo, esos trabajos revelan "una suerte de violencia de la imagen, que golpea aun cuando parece estar dirigida hacia la contención. Un motivo banal -un jarrón con flores o el retrato de un cantante de rock- parece bastarle para generar un estado anímico inquietante. En algunas obras, en especial los retratos (generalmente de personajes anónimos) podría achacarse tal efecto a la desfiguración anatómica o morfológica de la figura, deformación exacerbada por una paleta intensa, de gran vitalismo". En otro pasaje, ese mismo texto destaca que "la preferencia por el mundo circense no es casual. Los payasos, mimos, magos, bufones y marionetas conforman una teatralidad que conviene a su tratamiento expresivo y a esa sensación de placer y dolor mancomunados, de color y oscuridad, de alegría y de temor, dualidades que son sus sellos distintivos".