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La política es una de las actividades más nobles a las que puede dedicarse la persona. Pero en los últimos tiempos en Uruguay, ésta se vio afectada por una serie de males como el amiguismo, la repartija de cargos, cuando no la corrupción lisa y llana. Uno de los argumentos que esgrimió el Frente Amplio para llegar al gobierno fue que colocaría en cargos de la administración pública a aquellos que fueran más capaces, sin importar su filiación política. Pero hay ejemplos que muestran que esto está lejos de ser así.
Todo el mundo dice que la educación es un área clave para el país. Sin embargo, ésta es una de las ramas donde la política con minúscula luce más saludable. Un caso ilustrativo es lo acontecido con la vicepresidenta del Codicen, Nora Castro, de polémico pasaje por el INAU, quien vetó que el ex gremialista Héctor Florit continuara como miembro del organismo, porque hace más de 15 años se negó a acompañar una ridícula huelga en apoyo a los terroristas de ETA que estaban en el Filtro. Miras altas que le dicen.
En lo que es otra perla del clima de sectarismo bacteriano en la educación, ahora ha trascendido la renuncia de la secretaria administrativa del Codicen, Graciela Bianchi. Según esta militante frenteamplista, su dimisión se da por "los criterios que utiliza el Frente Amplio para designar personal de alta responsabilidad, que se limitan a conocer el origen político de los involucrados y asegurar su incondicionalidad a las jerarquías del momento". En los hechos se trataría de una baja más causada por la guerra entre los sectores del MPP y el PC, con los "moderados" del Frente Líber Seregni. Como se ve, la educación de los jóvenes está lejos de ser la prioridad de estos dirigentes.
Antel es otra pieza clave del organigrama del Estado. Considerada "estratégica" por los sectores de izquierda que acusan a cualquiera que ose criticarla como un cipayo privatizador, su funcionamiento en estos años también ha estado marcado por la politiquería menor. Basta recordar el incidente que en el gobierno anterior terminó con el decapitamiento del ente, en medio de denuncias policiales, espionaje y otros mamarrachos, de los cuales la ciudadanía aún espera explicaciones (pese a que uno de los protagonistas ha derivado en sesudo analista político).
Ahora, el caso del polémico asesor comunicacional, hijo y sobrino de figuras cercanas al gobierno, contratado ilegalmente con sabroso sueldo pese a su dudosa capacitación para el cargo, pone de nuevo a Antel en la picota. Sobre todo cuando la presidenta Cosse señala su disposición a volver a contratar al asesor, una vez despejados los "detalles" formales criticados por el Tribunal de Cuentas. Pero más allá de eso, cabe hacerse una pregunta: ¿cual fue el criterio para elegir a la presidenta del ente? ¿Es acaso una figura nacional indiscutible en el campo de las telecomunicaciones? ¿Tenía alguna experiencia manejando empresas como para asumir el mando de una de las más grandes y complejas del Uruguay?
Si estas dos áreas mencionadas son vitales, qué decir de la seguridad pública. Pero en los debates que genera este tema, pocos hablan de los cambios que hizo el primer gobierno frenteamplista en el sistema de ascensos en la policía. Lo que antes se basaba en criterios de antigüedad, pasó a manejarse con un sistema de tercios; un 30% en función de concursos, otro 30% por antigüedad, y un 30% centrado en un difuso criterio de apreciación subjetiva de los superiores. Algo que suena lindo, pero es la puerta de entrada a la política en esa materia tan sensible. Así, un policía de escritorio, con menos probabilidades de tener "manchas" en su legajo, tiene muchas más chances de ascender que uno curtido en las calles. Según el Círculo Policial, hoy hay un 60% de digitación política en los ascensos de oficiales superiores. Agreguemos a esto los impulsos dados a la formación de sindicatos policiales, y el nombramiento de jerarcas, sobre todo en el interior, con criterios políticos (vulnerando en muchos casos las jerarquías preexistentes) y veremos cuales son las causas de muchos de los problemas que tenemos hoy en la materia.
Estos son sólo tres ejemplos. Podríamos mencionar varios más, desde las presiones políticas para designar directores de hospitales, hasta los "aspirantes a yerno" en ministerios, o el reciente escándalo de nepotismo en la Aduana. Pruebas más que suficientes para comprobar que con la llegada del Frente Amplio al poder, en el tema del amiguismo y la politiquería con minúscula si algo ha cambiado, ha sido para peor.








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