ALEXANDER LALUZ
"A Sara Nieto creo que todos ya la conocen. Ella vino aquí a montar la obra (Giselle)... con peleas que vamos teniendo día a día, diferentes opiniones, pero es parte de la diversión de la compañía". Quien la presentó así no es otro que Julio Bocca.
Y lo hizo, con la confianza, el respeto, la admiración que da un vínculo artístico de larga data, el pasado lunes a la tarde, en el Auditorio Adela Reta del Sodre, durante el lanzamiento oficial de la nueva producción del Ballet Nacional: Giselle, que irá en la sala Eduardo Fabini de este todavía flamante complejo cultural, desde el 20 al 31 de agosto.
Un título clásico, desafiante, muy revisitado, que ahora se erige como un nuevo reto artístico para este elenco oficial en pleno proceso de reconstrucción y proyección, tras largos (muy largos) años de supervivencia al límite de lo verosímil. El primer responsable de esta apuesta, Julio Bocca, tiene, además de las credenciales artísticas y mediáticas para garantizar el arribo a buen puerto de las expectativas acumuladas, el tino justo para convocar a una primera figura para acompañar estos primeros pasos.
"Me alegro mucho de que (Sara Nieto) esté aquí", agrega Bocca. "Y me da un placer que la primera producción que se haga sea con coreografía de otra uruguaya". Todo un símbolo en la carrera de la primera figura del ballet uruguayo y latinoamericano, y también en su historia personal. "Para mí el primer Sodre -recuerda Nieto, sin disimular la emoción- había sido mi casa, desde chiquita que estaba en la escuela de danza. Acá fue mi primera Giselle, no el Sodre pero sí en el Uruguay, y también mi última Giselle, fue mi despedida".
Y los ciclos, dicen, finalmente se cumplen, las historias encuentran sus puntas, restituyendo lo que parecía un imposible. "Para mí es muy emocionante poder volver a trabajar en el Sodre, nunca pensé que lo iba a poder vivir... Qué más se puede pedir… volver al Sodre, con este complejo estupendo... y con Julio (Bocca)".
El desafío ahora, reconoció Nieto, es grande. "El trabajo es duro porque tenemos poco tiempo, la compañía es joven -incluso recién se están conociendo entre ellos- y la verdad que Giselle es uno de los ballet que se considera más difíciles".
Sus mayores dificultades -explicó- no sólo radican en los aspectos técnicos. La obra requiere, ante todo, un trabajo sólido con el equipo artístico: "sin ese apoyo los primeros bailarines no pueden lucir lo suficiente". Y para lograrlo "se necesita esa concentración total".
Con la nueva formación del Ballet Nacional, ese trabajo está dando buenos resultados, aunque el proceso demanda un esfuerzo aún mayor, ya que "el 25 o 50% de los jovencitos nunca habían bailado Giselle, o ni siquiera conocían la historia. Es un trabajo duro, pero vamos muy bien, con muchas ganas, y creo que lo vamos a lograr. Por suerte tenemos el apoyo de los bailarines que estaban de antes, y la parte artística está más cubierta".
Este ballet, pieza angular de la danza en el siglo XIX, sintetiza buena parte del pensamiento estético romántico, los desarrollos de la técnica del ballet y el teatro en ese tiempo histórico. La música fue compuesta por el francés Adolphe Adam -amigo cercano de Berlioz- en 1841, con coreografía de dos maestros de referencia: Jules Perrot y Jean Coralli, y libreto de Jules-Henri Vernoy y Théophile Gautier, escrito en base a De l`Allemagne (1835) de Heinrich Heine, uno de los poetas (y ensayistas) de primera línea en la Alemania decimonónica.
A esta creación -dijo Nieto con enfático tono- "yo le tengo mucho respeto". Es una "coreografía tan tradicional, que se ha mantenido vigente por tanto tiempo", por tanto sus planteos primeros, los que dejaron sentados Perrot y Coralli, "se mantendrán en esta puesta". Por supuesto, "todo cambia de acuerdo a la técnica. No obstante, el esquema de Giselle es el mismo; ahora tienes que ir adaptando a las posibilidades, recursos, de los bailarines". La historia, que resulta de un dramático cruce de tópicos clásicos: el amor, el engaño, la muerte, sigue siendo el pilar: "y con el mismo pilar (estructural), las mismas posibilidades, la misma emoción, buscamos lograr algunos detalles diferentes". Y ello se hace (o hará) posible porque "creo que la personalidad se la da la compañía que la hace. Cada bailarín tiene una personalidad diferente. Y en este caso, con las estrellas invitadas que tenemos", como la joven primera bailarina María Noel Riccetto (uruguaya, integrante desde 1999 del prestigioso American Ballet), se está trabajando intensamente en esa línea.
Un pensamiento que Bocca refrendó con la misma intensidad, al señalar que su proyecto con el Ballet Nacional tiene un objetivo que va más allá de definir un estilo, y es potenciar una personalidad, un carácter distintivo para la compañía, que se irá construyendo -enfatizó- fundamentalmente sobre el escenario, con puestas exigentes, funciones regulares, la presencia en todo el país y también en el exterior.
En la piel y en la escena de una historia de amor, engaño y muerte
"Acá fue mi primera Giselle, no el Sodre pero sí en el uruguay, y mi última Giselle también, fue mi despedida". Estas fueron las palabras de Sara Nieto, en el lanzamiento de la nueva producción del Ballet Nacional. La síntesis emotiva de una primera figura de la danza latinoamericana, que aquí, en su Montevideo natal, y a muy temprana edad, definió una vocación artística en la Escuela de Danza del Sodre, y luego de la mano del maestro Eduardo Ramírez. A los 15 años, su ingreso al ballet del instituto marcó el comienzo de una carrera que la convirtió en primera bailarina de este elenco, luego del Ballet de Santiago de Chile, y de ahí a su consagración internacional, a su magisterio tan reconocido en todo el mundo.
Julio Bocca: "Ellos son los que aportan"
Aunque el tono, la vestimenta, los gestos, de Julio Bocca muestren una serena informalidad, su pensamiento tiene el filo y la inteligencia de quien está proyectando más allá del futuro inmediato. Un signo claro, la elección de los protagonistas para esta puesta de Giselle: "ellos son los que aportan". A saber: Giovanna Martinatto, que actuará en el estreno de Giselle, Rossina Gil (otra uruguaya radicada en España "y con este emprendimiento volvió al país", dijo Bocca), Samuel Bianchi (bailarín brasilero que se integra en esta nueva etapa de la compañía), Thiago Soares (también brasileño, miembro del Royal Ballet de Londres, y que se integró al proyecto a último momento, debido a las lesiones sufridas por dos bailarines locales), Sofía Sajac (que pertenece a la compañía desde hace 25 años), Ismael Arias, Andrea Tio, y la notable María Noel Riccetto, primera figura del American Ballet.