A. L.
En su breve gira por el Sur de nuestro continente, Adrian Belew y su trío recalarán esta noche (21 hs.) en La Trastienda, con un show poderoso, cargado de esa electricidad que puede refrescar la vitalidad del rock y sus adyacencias estilísticas.
Luego de haber pasado por las bandas de Zappa, Tori Amos, Bowie, y, por supuesto, King Crimson, al que se unió en 1981 convocado por Robert Fripp, este virtuoso de la guitarra ha dejado varios proyectos en solitario y ahora encara un viaje musical en el siempre potente formato de power trío. Sus socios en este proyecto no se quedan atrás en materia técnica ni energía escénica: Julie Slick en bajo y Marco Minnemann en batería.
La elección de este formato, ha asegurado Belew, tiene el carácter de un desafío: ser el único guitarrista de una formación y, por tanto, verse impulsado a tocar más, a experimentar de otra forma con los elementos melódicos y armónicos de su instrumento. Al mismo tiempo, es una prueba para urdir texturas que evidencien la soltura, el virtuosismo, el peso formal, de todos los instrumentos.
El show que presentará en Montevideo será algo similar a lo que ya ha realizado en Santiago de Chile (el viernes) y en Buenos Aires (el sábado y domingo): una recorrida por el repertorio de King Crimson, sus discos solista, y la flamante producción e, lanzada el año pasado. Todo, ha enfatizado el propio Belew, cargado de energía, poder e incluso algo de la agresividad natural que tiene esa descarga que resulta de su combinación de guitarra (procesada por sus inteligentes combinaciones de pedales, y, ahora, con la incorporación de una laptop), el bajo de Slick, considerada una de las bajistas más solventes del momento, y el virtuoso golpe de Minnemann, la última incorporación al trío luego del alejamiento de Eric Slick.
Semejante propuesta es, sin duda, la síntesis del proceso de crecimiento y maduración de Belew, tanto en su faceta de creador como en la de intérprete, que tiene una larga historia.
Ese proceso tuvo un momento decisivo cuando fue convocado por Frank Zappa, a comienzos de los años setenta, para integrarse a su banda. La experiencia le abrió nuevos horizontes musicales y lo acercó al mundo de la experimentación, el cuidado inteligente por la forma de tocar y el manejo de la tecnología de procesamiento y registro del sonido.
El encuentro con David Bowie fue otro mojón importante. Fue el salto a una difusión masiva diferente, a otros criterios creativos y de producción. Un aprendizaje capitalizado luego en sus pasajes por otras formaciones, como los Talking Head, por ejemplo.
Al final, los relatos convergen en una etapa que marcó la diferencia: los King Crimson, con Robert Fripp a la cabeza. Aquí fue el salto a un concepto musical completamente diferente, a una apertura estilística no abordada por Belew hasta ese momento, a comienzos de los años ochenta.
Hoy, todos esos proyectos más su trabajo solista han hecho de Belew todo un referente en el campo de las seis cuerdas.
Desde la fase Crimson
A comienzos de los ochenta, Fripp y Bruford gestaban un nuevo grupo al que pensaban llamar Discipline. La historia quiso que el sonido que buscaban finalmente fuera la clave de una renovación en King Crimson. En esa experiencia, uno de los nombres fuertes era el de Belew, quien venía de tocar con los Talking Heads. De allí, el guitarrista se integró a esta legendaria formación de Fripp, que por estos días se encuentra redefiniendo su futuro inmediato, en el que no se descarta la posibilidad de volver a los estudios de grabación.