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Francisco Faig
El incidente por la legislación sobre el tabaco removió a la izquierda. Pero no es el único escenario interno conflictivo.
Las responsabilidades políticas que surjan de las investigaciones en la Armada; las opciones tecnológicas entre el modelo audiovisual europeo o japonés-brasileño; la apertura con Argentina; el relacionamiento con los partidos de oposición; los cambios en la legislación sobre el aborto; las responsabilidades por la ineficaz política de cárceles; la efectiva herencia en el avance en la reforma del Estado.
La lista de divergencias entre Mujica y Vázquez es amplia.
Por eso el alineamiento del Frente Amplio en torno a la posición de Vázquez sobre el asunto del tabaco es relevante. El MPP del presidente quedó solo y aislado.
Y todos los actores tomaron nota de la contundente señal política: sin Vázquez, Mujica queda paralizado, a pesar de contar con la mayoría relativa de la izquierda.
Es que todos en el Frente Amplio piensan en el siguiente período y constatan que Váz-quez es el precandidato evidente. Marenales lo explicó con claridad, y advirtió de que no es cuestión de que el ex presidente estorbe. Se reedita, en nuevo tiempo, la batalla MLN- Vázquez que dibujó el contorno de la interna frenteamplista en 2009.
El problema para el país es que el presidente fijó una ambiciosa e imprescindible agenda para el futuro: la reforma del Estado. Para operar allí cambios sustanciales, resulta imprescindible alinear a todo el Frente Amplio.
La apertura de Mujica al apoyo directo de la opinión pública, a los partidos de oposición y a las ideas de Ferrere (muerto trágicamente el jueves), no alcanzan si su mayoría parlamentaria titubea. Los poderosos sindicatos estatales, confrontados a una reforma (por ahora tibia) que no aceptan, están cada vez más resueltos a enfrentar a Mujica.
La educación pública por ejemplo, ya exige el 6% del presupuesto sin por ello hacerse cargo de sus comprobadas ineficiencias de gestión.
Así las cosas, la alianza izquierda política-sindicatos se verá tentada de acorralar al presidente y al MPP en una lógica implacable: para contar con el apoyo futuro de las bases, más vale no profundizar en una reforma que algunos están tentados ya de tildar de neoliberal.
¿Qué señales dará Vázquez sobre este asunto? Hasta ahora, su medido segundo plano no le impidió dar señales contundentes acerca del rumbo del gobierno.
Históricamente, cuando su liderazgo estuvo urgido de elegir entre una cuestión de Estado y su beneficio electoral, siempre, optó por lo segundo.
Las perspectivas presidenciales sobre la reforma del Estado son pues, preocupantes. Para enfrentar las lógicas corporativas, precisa de toda la izquierda.
Pero el Frente Amplio estará tentado de atender más los gestos de Vázquez que las necesidades del país. Y Vázquez privilegiará asegurarse las condiciones de su reelección antes que enfrentarse al apoyo de las bases sindicales. No alcanza con el MPP para reformar el Estado.
Mujica se va quedando so-lo. El país pierde.







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