ALEXANDER LALUZ
En poco más de una década grabó una decena de discos y llegó a vender, sólo en Brasil, un total de 11 millones de copias. El titular de estas marcas es el nordestino Zeca Baleiro, que mañana a las 21 hs., tendrá su debut en Montevideo y en La Trastienda.
Cierto, "es mi primera vez en Montevideo". Oportunidad propicia, adelanta Baleiro, para hacer un recorrido por el catálogo de su producción con el apoyo de un cuarteto, dice, muy versátil: "es un tecladista que toca acordeón también, uno que se encarga de las cuerdas y también toca gaita, un baterista y percusionista, más un bajo".
Para casos así, las presentaciones suelen requerir de la obligada (y si es posible exhaustiva) lista de títulos, honores y galardones. Él los tiene y cualquier visita fugaz por su sitio Web mostrará que esa "carpeta de méritos" demanda un largo tiempo de lectura. Por eso la síntesis se vuelve necesaria en tiempos de lectura apurada.
Su salto al reconocimiento público fue con la actuación junto a Gal Costa para la producción Unplugged MTV, en 1997. Desde esa experiencia, las demandas de otros artistas para interpretar sus canciones no pararon hasta hoy: de Raimundo Fagner a Paulinho Moska, de Rita Ribeiro a Elba Ramalho, Clara Nunes, Lobao, Maysa, CYZ hasta Carlos Careqa. Al final, los premios y reconocimientos de la industria: tres nominaciones a los Grammy y cinco Discos de Oro (a saber: el disco debut, Por onde andará Stephen Fry?, más Vô Imbolá, Líricas, Perfil, Raimundo Fagner e Zeca Baleiro).
Lo que se dice: una trayectoria meritoria.
Lo importante, sin embargo, pasa por otro lado, quizás más alejado de las marquesinas mediáticas: un artista que sabe doblegar las exigencias de los materiales sonoros -sea el sertanejoel forró, el pagode, el pop global, la electrónica o el rock- con asumida naturalidad, para condensarlos, amalgamarlos, en canciones que hablan, sin vueltas, del vasto paisaje humano, simbólico, de Brasil. Al hablar de eso, sus palabras no naufragan en descripciones dubitativas, frases enredadas, ni, el otro extremo habitual, en alambicadas especulaciones estéticas. Directo al grano.
Para este debut uruguayo, entonces, el repaso es por toda la discografía. El material es abundante, lo cual, inevitablemente, vuelve más complicada la tarea de selección: "pero mi criterio ha sido rescatar las canciones de mayor permanencia, tomando las que han quedado más marcadas de cada trabajo. Voy a tratar de compactar lo más posible, porque tengo algunos trabajos más introspectivos, más eufóricos, más danzantes, otros más experimentales, otros más populares". Pero el énfasis, adelanta, estará "en mi último trabajo, O coracao do homem-bomba, un disco doble en vivo".
Sobre las mixturas (hibridaciones, fusiones, etcéteras) de su lenguaje, el relato comienza en la infancia: la horas que pasó absorbiendo cuanta música sonaba en la radio de su padre, en Sao Luis, su pequeña ciudad natal. Por allí pasó de todo: las canciones populares, la cumbia, la canción francesa, el samba. Ese total diverso se plegó a su memoria musical, y luego a la creación. Y en ese plan, su música se convirtió en manifiesto de las mixturas, sin necesidad de hablar de un proyecto. El instinto, fue el generador. "Pienso que eso es una traza del carácter del brasileño. Es un pueblo por naturaleza diverso, y culturalmente eso se manifiesta en esa falta de pudores, digamos así, para mezclar elementos diversos, contrastantes. La música brasileña es muy rica y nosotros reunimos muchas músicas, las americanas, las que llegaron por el cine, la radio, la música francesa, los cantautores. Es una cosa cultural: no hay mucho proyecto detrás de eso. Es algo orgánico".
Influencias imparables
Sería difícil precisar en pocas líneas cuál es el origen del impacto de la música brasileña en nuestro país. Pero ahí está, descubriendo cada vez un artista nuevo, un disco de estreno o un álbum viejo. Caetano, Chico, Gal, son parte de esa historia. Desde los noventa una nueva generación se sumó a la historia, tan pujante como la anterior, donde cuadran Zeca Baleiro, Lenine, Moska, Chico Cesar, Marisa Monte.