ALEXANDER LALUZ
El ciclo Grandes Instrumentistas Uruguayos del teatro Solís vuelve a recibir a otro virtuoso de la diáspora: el guitarrista Eduardo Baranzano, que desde hace años está radicado, como él mismo dice, "cerca de España, en el País Vasco".
Será mañana, en la sala principal del Solís, a las 20 horas y con entradas a un único precio: $ 300. Hasta aquí el concierto no tiene (o no tendría, mejor) mayor diferencia con cualquier otro concierto guitarrístico, culto, en un escenario histórico, también "culto" (aunque no exclusivamente), y dentro de un ciclo que desde hace varios años ha convocado a los intérpretes uruguayos con destacadas trayectorias más allá de nuestras fronteras.
La diferencia se instala ya desde el título del programa: Callejeando por Ciudad Vieja. Y se afirma en el escueto comunicado: el anuncio de la fecha, la hora, la sala, el precio, el ciclo; y luego, bajo el título "reseña del espectáculo", un también breve texto poético que cierra con dos versos que encubre la clave de la propuesta: "y desde aquellas ventanas aún abiertas / nos ofrecen de regalo el recuerdo de un preludio de colores en aleteo".
Baranzano -ya en Montevideo, en la casa familiar- despeja, aunque parcialmente, la interrogante. "El título es como un juego de palabras. La historia es así: desde hace tiempo estoy tocando en una guitarra de un español que (a comienzos del siglo pasado) vivió aquí, en Montevideo y que se llamaba Callejas. El instrumento es de 1925, y en torno a esa guitarra, al nombre y a la época -aproximadamente unos cuarenta años- organicé un poco este recital". Será entonces "un homenaje, un recuerdo, a la música de esa época -tanto de compositores de acá como del exterior- que fue interesantísima para la música y la técnica de la guitarra".
Por esos años, recuerda, Uruguay recibió a figuras históricas de la guitarra como "Segovia, (Agustín) Barrios, de Paraguay, los grandes españoles, y donde surgieron las figuras de la escuela uruguaya de la guitarra que nos representa en todos lados hasta hoy. Es entonces un homenaje a todo eso".
Así es que el programa comenzará "con el Triste de Eduardo Fabini, que fue la primera pieza escrita para guitarra por un compositor no guitarrista; también habrá obras de Barrios, con quien Callejas compartió escenarios, de Ponce. Este repertorio, verás, tiene muchos elementos de la música popular, incluso alguna referencia directa como una versión de La cumparsita, o piezas cultas que se volvieron muy populares".
Pero Baranzano se planta ahí y no da más detalles: "Fíjate que ni siquiera puse los nombres en el programa de mano, porque es un recital poco habitual, por lo que no voy a hacerte una declaración jurada del asunto". Será un regalo, y los regalos, sabido es, se descubren a medida que se los va desenvolviendo. "Y por eso el programa tendrá una parte importante en la que voy a ir presentando y explicando un poco la historia -las historias- de cada pieza, de esa época tan especial, que irá entrelazando cada parte del recital".
La diferencia, la innovación, no son monedas corrientes en música culta, y, cuando se dan, muchas veces se ahogan en un manto de imposturas. Lo que propone Baranzano, sin embargo, es diferente. Tiene el aval de una trayectoria que se sostiene y distingue por su notable musicalidad, la técnica, y la preocupación por el estudio de las fuentes de cada repertorio.
La guitarra, las lechugas, el País Vasco
Baranzano está radicado desde hace muchos años "cerca de España". La precisión, para él, vale. "Vivo en el País Vasco". "Desde hace tiempo que estoy radicado en San Sebastián", pero este año ha sido de cambios también en esto: "Me fui no muy lejos de ahí, a un pueblo que se llama Aia, un pueblo chico, muy lindo, en la montaña, donde todos los vecinos se conocen. Incluso con mi compañera comenzamos allí a cultivar lechugas". Está cerca de San Sebastián, donde va a dar clases regularmente, y también de Pamplona, donde "comencé a dar clases en un conservatorio superior".