MATÍAS CASTRO
Hay quienes tienen que hacer un esfuerzo descomunal para aparecer ante cámaras, llamar la atención y lograr que más gente hable de ellos. Hay quienes no tienen que mover un pelo para lograr esto. La diferencia cuenta sobre todo, a la hora de medir las posibilidades de perdurar que tiene cada celebridad y la estabilidad que tenga en el mundo del espectáculo.
Comparemos a Penélope Cruz y Matías Alé. Sobre la actriz se corrió hace poco un rumor que decía que estaba embarazada. Tras su casamiento con Javier Bardem, tan anticipado por la prensa como secreto a los ojos del mundo, la versión de que estaban esperando un hijo estalló de inmediato. El rumor surgido hace algunos meses, había sido silenciado por la falta de respuesta oficial. El primero surgió porque alguien pensó que se veía un poco más panzona en una foto y sacó la conclusión de que estaba embarazada. En esta nueva oportunidad no fue una foto, sino la boda, asociado popularmente con hijos y familia. Ninguno de estos rumores fueron disparados o provocados por Cruz o Bardem, simplemente han ido apareciendo y prendiendo en la gente.
Alé, en otro extremo del mundo del espectáculo, tuvo que hacer mucho para llamar la atención. Aprovechó su casamiento con Graciela Alfano para lograr que las cámaras lo mirasen hacer payasadas constantemente y que todo el mundo comentase sobre él. Pero si se queda quieto, poco se dice sobre él. Y la prueba está en que la mayoría de sus apariciones, más allá de las competencias en Showmatch, han tenido que ver con su ex novia, Silvina Escudero, y con su supuesto rival, Ricardo Fort. Dos de cada tres veces que se habla de él es porque hay algún roce entre ellos.
Ni Alé ni Cruz están inmóviles. Ella actúa y hace campañas publicitarias, él compite en Showmatch y actúa en teatro de revistas. Pero la inspiración que le dan a la prensa es muy distinta y da una buena referencia de qué tan profundo cala cada uno en el imaginario mediático.