ALEXANDER LALUZ
La noche del 10 de julio, en el paseo marítimo de Algés en Oeiras, Lisboa, y el delirio de una multitud: Eddie Vedder anunciaba que Pearl Jam daba allí su último concierto, y acto seguido aclaraba: "bueno, al menos el último en mucho tiempo".
La sorpresa fue primero en esa última fecha del festival Optimus Alive 2010. Instantes después, la noticia se instaló en los blogs y en todo tipo de publicaciones de la red planetaria, con videos y audios incluidos. Una de las bandas pioneras del sonido de Seattle cerraba un capítulo en su historia, dejando a sus seguidores con varios signos de interrogación sobre su futuro.
Ante la ansiedad, dicen, siempre conviene "bajar la pelota al piso". No se sabe realmente si ocurrirá algo de aquí en más que pueda entrar en la muy trillada frase: "una nueva fase de la banda". Lo único cierto es que en el sitio oficial de Pearl Jam en Internet ya no hay más fechas después del 10 de julio, y tampoco hay comentarios o comunicados oficiales. Por lo tanto, ya no tiene sentido abonar cualquier expectativa de verlos este año en algún estadio latinoamericano, y ni siquiera recordar algún tímido rumor sobre un (muy) hipotético arribo a Montevideo, que corrió algunos meses atrás por estas tierras.
Ante los lamentos que se corrieron por todo el festival portugués, Vedder le quitó rápidamente el "tremendismo" al anuncio: "No, realmente es algo bueno. Tenemos que pasarlo bien esta noche porque no sabemos cuándo volveremos a hacerlo". Lo que ocurrió (y está ocurriendo) después es el efecto inevitable de una historia complicada que tiene como mojón primero a los años noventa, la ciudad de Seattle, pero también los polémicos cambios en la formación, algunas incursiones en el cine, y, sobre todo, un potente e inconfundible sonido que se volvió signo de lo alternativo, lo diferente.
En materia de especulaciones, las especies que recorren las páginas de las publicaciones especializadas no tienen mayores novedades. Que la banda se disolverá definitivamente. Que se están tomando un tiempo para pensar. Que Vedder o algunos de los otros integrantes está comenzando (o simplemente planeando) algún proyecto personal. Pero otra vez la "pelota al piso": nadie, ni siquiera algún portavoz oficial, ha dicho algo al respecto. Y listo: queda un relativamente nuevo Backspacer para disfrutar de la buen salud musical que tiene la banda, más un arsenal de videos de esta última actuación en tierras lusitanas y, naturalmente, los testimonios de un proceso creativo original: Ten, Vs., Vitalogy, No code, Yield....
Cuestión de relato(s). Es un axioma: la historia y la leyenda de cualquier grupo de rock se puede rastrear en los márgenes de cualquier relato "oficial". El caso de Pearl Jam no es distinto.
En el principio, fueron el grunge y Seattle, allá por los años ochenta (un fechado genérico, ciertamente). Por esa época, esta ciudad del estado de Washington hervía de bandas que se empeñaban en construir los cimientos estilísticos de un nuevo estilo a partir de un combinación explosiva: guitarras ruidosas, esquemas armónico-tímbricos del punk, del metal, el hard rock, y, por qué no, algunas estructuras bien reconocibles del pop.
Y de ese fértil campo de cultivo, no es extraño que surgieran grupos con el porte y la capacidad de alimentar influencias como Green River, Soundgarden, Nirvana y... los Pearl Jam.
La ambientación ideal del paisaje urbano: cabellos enredados y de aspecto sucio, pantalones con tajos o desprolijas roturas, añejas chaquetas de lana o con el clásico diseño "leñador". Y, para completar, guitarras de sonido también "sucio" y al mango. La generación X. La generación de Singles, la película de Cameron Crowe. Al fin, los chicos del grunge, Cobain y los suyos, Vedder y los suyos.
Ten, fue la piedra de toque en 1991. O, quizás con más justicia: una de las posibles síntesis de esta estética con los Pearl Jam saltando al mercado mundial en un disco arrasador, que le cambió el tono muscular (y la comodidad) a la crítica y al público. Había que escucharlos rugir con la poética y la estatura de los grandes. Siguió, como en todo relato, la maduración de los éxitos (de venta y musicales), los cambios en la formación, los discos en vivo, el activismo político y social más las consabidas divisiones en el público, la sociedad con Neil Young, los enfrentamientos con la discográfica Sony, una infinidad de simples exitosos, los estadios (siempre los estadios).
El final de la historia, obviamente, está abierto y su escritura tendrá, no habría margen para la duda, la firma del señor Vedder, que como portavoz del grupo dijo que, por ahora, "no va más". Cualquier aventura narrativa después de ese anuncio no es más que pura ficción especulativa.
Cuatro discos clave en una carrera con muchas grabaciones
Ten
1981
Este disco debut los catapultó al estrellato con himnos emocionantes como "Alive" o "Jeremy". Y a su vez, la fama repentina les causó varios problemas.
Vs.
1993
Pearl Jam ardía en la MTV en la explosión del rock alternativo de esos años mientras triunfaban con las canciones del Vs, eficaces, melódicas y elaboradas.
Vitalogy
1995
Después de decir que no querían ser una "banda de himnos", se despacharon con este gran disco con canciones muy pegadizas como "Nothingman"
Backspacer
2009
Es el último álbum de estudio de los Pearl Jam, que fue lanzado el 20 de septiembre del año pasado, con muy buena recepción en la crítica y entre sus seguidores.
Voces alternativas en agitado ruedo político
Es "fácil pegarle a Bush". No es la cita de algún connotado ensayista político. Es simple constatación de hechos, y el repaso del papel jugado por algunos íconos del rock en este agitado ruedo. Y entre esos papeles, los de Eddie Vedder y los Pearl Jam, no pasan desapercibidos. En 1997, pocos años después del lanzamiento de Ten, la banda participó del evento Free Tíbet, y su nombre pasó a engrosar esta historia. Al plegarse en algunos proyectos musicales con el eterno rebelde Neil Young, no hizo más que asentar la imagen de grupo social y políticamente comprometido, hasta quedar asociados (por sus críticos) con la izquierda de los Estados Unidos. En 2004, en Denver, con Vedder tomando a puñetazos una máscara de G. W. Bush, manifestando contra su política exterior, la imagen terminó de consolidarse, y su público (luego de quedar atónitos aquella noche) previsiblemente se repartió entre el rechazo y una renovada adhesión.
Cinco músicos que reubicaron a Seattle en el mapa roquero
Fragmentos de un relato mitad legendario, mitad oficial. Seattle, a mediados de los ochenta. Un nuevo grupo comenzaba sus pasos en la escena grunge, formado por Ament, Gossard y McCready, pero sin baterista ni cantante. Deciden grabar un demo bajo el nombre The Gossman Project, y con ese material acelerar la búsqueda de los miembros faltantes. Esas grabaciones llegaron finalmente a manos y oídos de Eddie Vedder, un despachador de una gasolinera, que por ese entonces surfeaba en las olas de San Diego. Lo escuchó, le gustó y luego llegaron (según la leyenda) las letras para Alive, Once y Footsteps, que luego integraron una mini ópera titulada Mamasan Trilogy. Allí, en este relato que cruza muchas versiones orales (no todas reales), estuvo el embrión de Pearl Jam: la otra banda, junto con Nirvana, que puso a Seattle en el mapa del rock.