R.R. | Fue el que tuvo más hinchada dentro de la selección uruguaya. De hecho, cuando la celeste pasó a convertirse en la revelación del Mundial Sudáfrica 2010, terminó concediendo notas a los medios mientras preparaba la comida.
Aldo Cauteruccio, el chef de la delegación uruguaya, fue en buena medida el responsable de darles el gusto a los 23 muchachos y a los integrantes del cuerpo técnico. Con los jugadores tiene una relación, en algunos casos, de hace años.
"A la mayoría los conozco desde las juveniles, después de todo hace seis años que venimos trabajando juntos", dice.
Para el viaje a Sudáfrica el chef y el equipo de médicos y nutricionistas de la selección optaron por llevar en abundancia sólo aquellos productos "bien uruguayos" que tal vez no hallaran en la nación africana: unos 1.000 kilos de carne, 180 kilos de yerba mate, y 90 kilos de dulce de membrillo.
"En realidad allá nos encontramos con productos de muy buena calidad, así que no tuvimos ningún problema con la planificación de la comida", explica Cauteruccio.
Es prácticamente imposible que, pese a lo numeroso del grupo, haya alguno al que no le guste el menú. El método es simple: el cocinero prepara un buffet que incluye dos o tres platos principales, con carne, pescado o pollo, y una variedad de ensaladas. "Para los postres optamos por hacerlos frutales, sobre todo por la excelente calidad de las frutas que encontramos allá", recuerda.
Aldo confirma, además, lo que todos los uruguayos adivinaron desde el primer día en Sudáfrica: la fuerte cohesión del grupo.
"Siempre me he sentido más que cómodo con todos ellos, los muchachos te ponen al mismo nivel de ellos y te dan para adelante cuando tienen que darte, o te critican cuando algo no les gusta", dice.
"Y eso explica el fervor que despertó en la gente después de tantos años de ver a un Uruguay no existía deportivamente, esto que se logró se hizo con compañerismo", agrega Aldo.
Para Cauteruccio, como para la mayoría de los integrantes de la delegación, el viaje a Sudáfrica supuso larguísimas jornadas de trabajo. En su caso la carga horaria no le permitió siquiera acompañar a los jugadores en algunos de los paseos. "No pude ir a ninguno, me tenía que quedar preparando las cosas", dice, aunque no lo lamenta, es su trabajo.
Eso sí, fue a cada uno de los partidos. Junto a otros cinco integrantes de la delegación que no formaban parte del cuerpo técnico, fueron algo así como hinchas privilegiados.
"Estábamos atrás del banco, en un lugar reservado para nosotros, a nivel de cancha", dice.
Y, claro, en los partidos gritaba como el que más. Tal vez el colmo del paroxismo hincha fue en el partido contra Ghana. Aldo recuerda que junto a él había una pareja de sudafricanos. "Al principio alentaban a Ghana, pero en el correr del partido me vieron a mí tan enloquecido que terminaron entusiasmándose y se hicieron hinchas de la celeste. Tiraron las banderas de Ghana a un lado y empezaron a festejar conmigo los goles. Hasta les enseñé a cantar el `soy celeste`, que entonaban con una alegría bárbara". Y sí, son cosas de uruguayos.