THE NEW YORK TIMES
DAVE ITZKOFF
Poco antes de ofrecer sus dos primeros conciertos en la famosa Metropolitan Opera House, de Nueva York, el músico británico habló sobre sus experiencias con orquestas. Además los shows llegaron con un disco nuevo.
Si la historia es creíble, hay alguna mala intención detrás del cuento que Sting hace sobre los abucheos que recibió la primera vez que actuó en una casa de ópera. En 1987, según el músico recuerda, cantó The ballad of Mack the knife, con la orquesta de Hamburgo y ahí se dio cuenta de que había un grupo de gente con pelo azul y gris, joyas y pieles, que lo abucheaban aún antes de comenzar a cantar. Tras finalizar la canción descubrió que este grupo estaba contratado y se suponía que había cobrado por aplaudir.
Si queda algún grupo de estos en el Metropolitan Opera House, para los conciertos que ofrece después de haber abierto su nueva gira en Vancouver, Sting afirma que les pagará él mismo. "De mi propio bolsillo".
Claro que es una broma. Las únicas notas disonantes que tal vez se escuchen en el Metropolitan cuando Sting ofrezca allí sus primeras presentaciones con la Orquesta Filarmónica Real de Gran Bretaña, dirigida por Steven Mercurio, vendrán del público que intente cantar con él Roxanne. También esta idea es un recordatorio para este ex bajista y cantante del grupo Police, convertido en un exitosísimo cantante pop, que aún puede ser una lección de humildad. Esa cualidad, por otra parte, podría no ser visible de inmediato en su suntuoso apartamento ubicado al oeste del Central Park, en Nueva York, donde desde hace unos días descansaba de sus giras y se preparaba para el lanzamiento de su nuevo disco, Symphonicities, que incluirá arreglos orquestales de sus canciones.
ENTRE COMPAÑEROS. Sting a veces parece ser una versión radical de esos compañeros de trabajo o ex compañeros de escuela que en las reuniones siempre está compitiendo por mejorar las anécdotas. Pregúntenle a Sting sobre el doble bajo de aluminio del siglo XIX que tiene junto a sus estanterías y dirá que lo usa para interpretar "una pequeña pieza de Purcell al día y nada más"; pregúntenle por los dos juegos de ajedrez que tiene en su mesa de café y les contará sobre los partidos que jugó contra el maestro Garry Kasparov diciendo: "Por supuesto que me venció cada vez que jugamos. Pero ¿sabés qué?, él no puede cantar".
A sus cincuenta y ocho años el músico dice que el aprecio de la música clásica que ha cultivado desde que tocaba el piano que estaba en el vestidor de su madre de la radio de la BBC en los años cincuenta, no es algo que él pudiera confesar fácilmente en sus días con The Police. "Te miraban con el ceño fruncido. Y esa es la premisa ridícula del rock, convertido en esta cosa talibanesca y cerrada. `No puedes hacer esto, no puedes hacer aquello`. ¿Cuál es el espíritu del rock si no es la libertad de hacer cualquier cosa que se te antoje?"
Más recientemente, sus caminos musicales lo han llevado a destinos tan dispares como el de Songs From the Labyrinth, su disco de 2006 con música isabelina para laúd, y Twin Spirits, un proyecto teatral en el que junto a su esposa, Trudie Styler, lee correspondencias y diarios de Robert y Clara Schumann. Desde el punto de vista de sus amigos y colegas, lo que une a todas estas empresas es su auténtico interés en ellas.
pretensiones. Sting sostiene que su objetivo en esta propuesta era simplemente ver una orquesta interpretar arreglos que les podrían haber sacado vapor por los oídos. Dicho esto, la conversación con él se vuelca hacia temas como el derrame petrolero, el misticismo oriental y las fuentes de energía sustentables. Algo de esto sale al hablar sobre la piedra tibetana que usa colgada al cuello. "Dicen que fueron plantadas por Bodhisattvas (seres iluminados del budismo). No tengo forma de verificar si eso es cierto, pero es una hermosa idea".
La conversación luego se vuelca hacia el significado de la palabra "pretencioso", que el músico afirma que tiene la misma raíz que pretender. "No pretendo nada, solo soy curioso y estoy buscando. Soy entusiasta sobre muchas cosas". Pero a continuación se formula un par de preguntas que no responde: "¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Quedarme en mi casa?"
Con todo, si en algún momento quiere desinflar su ego, lo único que tiene que hacer es salir de su apartamento, ya que dice que los neoyorquinos no se impresionan por su fama.
"Tengo la impresión de que todos los habitantes de Nueva York, no importa lo que hagan, están en su propia serie de televisión, con su propia música, y vos apenas sos un invitado en su programa", comenta. Y agrega, fingiendo un acento coloquial americano: "Hey, acá tengo a Sting en mi programa de entretenimiento, amigos". Y luego vuelve a su voz natural: "Somos todos celebridades en esta ciudad. Me parece algo muy acogedor".
Tres personas opinan sobre Sting y su variada obra
"Hay gente ante la que te preguntás qué están haciendo", dijo Allan Buchman, director artístico del centro que recientemente estrenó la obra teatral "Twin Spirits". "En esos casos pienso que los artistas se deberían haber detenido en sus carreras cuando llegaron a sus primeros logros". Pero según este gestor, en el caso de Sting, hay algo distinto. "Es suficientemente talentoso para llevarse a la gente en un viaje con él y hacerte sentir satisfecho de estar a su lado. No creo que esté jugando".
En una crítica a "Twin Spirits", Allan Kozinn escribió en el New York Times que "sería fácil ver esta obra y otras similares como trabajos hechos para la educación musical… pero Sting y Styler dotan las cartas escritas por Schumann con cierta emoción detrás de ellas".
Incluso un directo y potencialmente regular disco de música orquestal puede llegar a presentar desafíos, dijo Rob Mathes, compositor y arreglista que produjo "Symphonicities".
Según él, por una parte, un disco así puede terminar siendo una seguidilla de baladas "donde todo es exuberante y cálido, con interpretaciones vocales hermosas desde la primera hasta la décima canción". Pero también dice que puede ocurrir que la música sea "sobreescrita". "Sería concentrarse tanto en la grabación de los arreglos como en las canciones de Sting".
En "Symphonicities" intentó evitar esas dos trampas peligrosas al incluir canciones inesperadas, como el emblemático punk rock de The Police "Next to you", el tema "We work the black seam", de Sting; y también con canciones familiares como "Every little thing she does is magic". Mathes cuenta que en el caso de esa canción "resolví escribirla como si Gustavo Dudamel fuese a dirigirla con la filarmónica de Los Angeles".