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CARLOS MAGGI
Debo pedirles perdón a mis lectores. El 28 de marzo pasado creí que Philip Morris era una empresa peligrosa; por sus utilidades fabulosas, supuse que puede contar con excelentes asesores; pero en estos días compruebo que le di una importancia que no merece.
Escribí cuando supe del juicio iniciado contra el Uruguay:
-- "Philip Morris nos ataca denunciando que nuestro gobierno viola las condiciones establecidas en un contrato sobre inversiones. Y aparentemente es verdad. Pero las obligaciones contraídas para estimular el desarrollo de la industria del tabaco, pasaron a ser ilícitas en la medida que impidan el debido control del tabaquismo. La causa de nuestra obligación contractual con la empresa Philip Morris se hizo ilícita al comprobarse científicamente, que el cigarrillo mata. (Cf. Gaetano Coccorese, "Código civil", La ilicitud superviniente). Nadie está obligado a cometer un acto ilícito para bien cumplir un contrato suscrito con anterioridad."
Hace tres meses creí que la demanda de la tabacalera era un acto serio; pero no; era el primer movimiento de una maniobrita deleznable.
Ahora, cuando en el Uruguay la demanda de cigarrillos cae de manera uniformemente acelerada (éxito notable de las medidas tomadas), la empresa ofrece una transacción: deja sin efecto el juicio que tiene perdido, a cambio de mejores condiciones para la venta de sus productos (mortales).
El país vendría a ceder ante el espantajo de una demanda falluta; y pagaría con la salud de los uruguayos que pasarían a fumar más.
La estratagema roza el chantaje, pero es tan conocida que se transforma en una zoncera clamorosa.
Tiene nombre en el mundo, la jugarreta; se llama "Slapp" y está prevista, explicada y rechazada en decenas y decenas de casos. La doctrina y la jurisprudencia son terminantes.
Elijo la fuente que está más a mano. En Wikipedia, que encabeza decenas de matches en Google, bajo el rubro Slapp, se puede leer:
La sigla "Slapp" viene de "Strategic lawsuit against public participation" y fue acuñada en 1980 por la Universidad de Denver, profesores Penélope Canán y George W. Pring.
El término fue definido como "una acción judicial… realizada para influir indirectamente en una acción gubernamental…"
De acuerdo con la Corte Suprema de Nueva York el juez J. Nicholas Colabella, dijo: "Apenas se puede imaginar, a falta de una pistola en la cabeza, una amenaza mayor que invocar la Primera Enmienda…"
Uno de los primeros casos en Canadá para hacer frente a una Slapp fue Fraser v. Saanich (ver [1999] BCJ N º 3100 (BCSC)) (QL), donde el Tribunal Supremo de Columbia Británica no hizo lugar a la reclamación de un Director de hospital…, sosteniendo que se trataba de una acción sin mérito, planeada para silenciar o intimidar a los residentes que se oponían al plan de reconstruir las instalaciones del hospital.
En un caso similar al que afronta actualmente nuestro país, el gobierno de Canadá rechazó toda negociación, y la industria del tabaco trató de ampararse en el tratado de libre comercio (con EEUU y México) pero perdió el juicio en la Suprema Corte.
La jurisprudencia de los casos fallados contra demandas slapps es interminable; y los antecedentes de las empresas del tabaco son horrorosos.
En 1999, el gobierno federal de los EE.UU. promovió una demanda contra 11 compañías tabacaleras, encabezadas por Philip Morris.
En ese expediente de 1.700 páginas se comprueba la violación de la ley, mediante la delincuencia organizada, el chantaje y la actuación corrupta de esas organizaciones industriales y comerciales.
En una sentencia histórica, publicada en 2006, la jueza Gladys Kessler dio por bien probado que estas industrias, incluida Philip Morris, habían engañado a la opinión pública, a los gobiernos, a las autoridades de la salud y a los consumidores.
Las empresas fueron condenadas a pagar doscientos seis mil millones de dólares.
No tengo dudas sobre la actitud del gobierno uruguayo, que hace honor a su firmeza en esta precisa materia.
Uruguay figura en la vanguardia mundial en cuanto al control de "la peor epidemia que azota a la humanidad"(el tabaquismo, según proclamara la Organización Mundial de la Salud).
Y es precisamente en este punto, donde hay que medir las consecuencias de lo que se haga.
El Uruguay por la formación de su gente y por el acierto de sus normas y resoluciones, es un punto de referencia internacional; su control del tabaquismo es modélico; consecuencia: semejante distinción internacional impone la responsabilidad de no dar un paso atrás.
Escribe Eduardo Bianco, que es un especialista en el tema: "Aplicaría un duro golpe a la implementación del Primer Tratado Mundial de Salud Pública (el "Convenio Marco para el Control del Tabaquismo") que tan luego el país líder, inminente anfitrión de la "4ª Conferencia de las Partes", claudicara ante una multinacional tabacalera."
"El gobierno debería presentar (cuando se reúna "la "4ª Conferencia de las Partes", en noviembre de este año en Punta del Este) la denuncia de esta lamentable maniobra de Philip Morris.
A esa denuncia se podría agregar un pedido formal a los 169 Estados adheridos al Tratado, para que aprueben procedimientos que no sólo protejan al Uruguay, sino a todos los países firmantes, contra estas u otras intentonas similares, encaminadas a desvirtuar el debido control del tabaquismo."
COMENTO: Si se piensa en empresas que pueden pagar sin sobresaltos una condena de más de doscientos mil millones de dólares, cabe preguntarse qué puede importarle a Philip Morris, una baja en el consumo uruguayo. Es un pelo para un conejo.
Sin embargo, humillar al Uruguay llevándolo a entregar posiciones puede crear una imagen que sirva para mucho en el plano internacional; puede suscitar desconfianza o temor en otros países, que uno de los líderes retroceda. Todos saben (sabemos) que esta es una guerra por la salud de la gente.
El diferendo sobre el cual gira la transacción entre Philip Morris y nuestro país, refiere a detalles que parecen nimios, como la extensión y el énfasis del aviso oficial impreso en cada cajilla.
El gobierno previene seriamente sobre el peligro de muerte que entraña el hábito de fumar. Pero justamente, porque en eso se juega la vida o la muerte, es que no se puede entregar un milímetro de lo ya establecido.
Sí. Venimos ganando. ¡Forza! ¡Allez los celestes! ¡Ni un milímetro!









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