VIENA | AFP, AP Y EL PAÍS DE MADRID
EE.UU. y Rusia concretaron ayer el canje de espías más grande desde la Guerra Fría e intercambiaron 10 agentes por 4 condenados, en una jugada diplomática que tuvo al aeropuerto de Viena de escenario.
A las once y media de la mañana, un avión Boeing 767-200 aterrizó en Viena con 10 agentes rusos que espiaban para el Kremlin desde Estados Unidos. Pocos minutos más tarde tocó tierra un Yakovlev Yak-42 del ministerio de Emergencias de Rusia, donde viajaban cuatro rusos que confesaron espiar para Occidente.
Estacionaron uno al lado del otro y el intercambio se produjo mediante un microbús negro con vidrios oscuros. Tan bien estaba pensado todo que desde la ubicación de los fotógrafos no se podía captar ningún rostro. El pasaje fue sin pisar tierra, por lo que ninguno entró oficialmente a la capital histórica del espionaje.
El canje se precipitó después que el presidente ruso Dimitri Medvedev firmara un decreto indultando a 4 ciudadanos de su país que le habían dirigido tal solicitud después de reconocerse culpables: Alexander Zaporozhsky, Guennadi Vasilenko, Serguéi Skripal e Igor Sutiagui.
Tres de ellos estaban "privados de libertad por decisión judicial y habían sufrido ya un severo castigo" y al menos uno, el ex coronel Zaporozhsky, habría brindado información que llevó a la captura de Robert Hans-sen y Aldrich Ames, dos de los espías más importantes atrapados en Estados Unidos.
Desde Nueva York llegaron quienes estaban acusados por EE.UU. de ser espías no registrados en el país. Participaron en un programa de espionaje que la CIA y el FBI investigaban desde hacía 7 años y la mayoría tenía identidades falsas, según declararon anteayer.
Se trata de Vladimir Guryev y Lydia Guryev (39) -antes conocidos como Richard y Cyn-thia Murphy-; Andrei Bez-rukov y Elena Vavilova, "Donald Howard Heathfield y Tracey Lee Ann Foley"; Mikhail Kutsik y Natalia Pereverzeva, antes llamados Michael Zottoli y Patricia Mills.
También fueron deportados la peruana Vicky Peláez y su esposo Mikhail Vasenkov, que se hacía llamar "Juan Lázaro" y decía que había nacido en Uruguay. La atractiva mujer Anna Chapman, que resultó ser Anya Kushchenko, y Mikhail Semenko también estaban en el avión.
De este grupo continúa prófugo Christopher Metsos, un supuesto espía ruso que financió la red y se escapó en Chipre.
Estados Unidos logró con el intercambio obtener la libertad de cuatro rusos, algunos de los cuales purgaban largas penas de cárcel. Y Moscú evitó que se realizaran 10 juicios en Estados Unidos que podrían haber resultado bochornosos cuando se conocieran los detalles de co-mo sus agentes, haciéndose pasar por ciudadanos comunes, en apariencia lograron descubrir pocos secretos durante el tiempo que estuvieron bajo la vigilancia del FBI.
DIPLOMACIA. Según fuentes del gobierno norteamericano, la Casa Blanca se enteró de to- do el caso en febrero, cuando autoridades del FBI, la CIA y el Departamento de Justicia lo llevaron al Gobierno y comenzaron a organizar reuniones para planear cómo proceder.
A inicios de junio se tomó una decisión para actuar sobre los agentes de Rusia y el 11 del mes, un viernes, el presidente Barack Obama recibió el primer informe sobre las actividades clandestinas de los rusos. Apenas trece días después se reunió con el presidente Dimitri Medvedev, pero nunca mencionó una sola palabra del caso.
Según una fuente norteamericana que pidió no ser identificada, la CIA y el FBI "básicamente ya sabían todo sobre la red rusa cuando la destaparon". Sostuvo que aunque Estados Unidos hubiera podido mantener los cargos y mandar a los agentes a la cárcel por años, estaba claro que los 10 capturados eran más valiosos para un canje con el Kremlin.
Esta persona informó además que los sospechosos no habían logrado penetrar al gobierno de EE.UU., por lo que no revelaron información secreta.
Viatcheslav Nikonov, presidente del centro de análisis "Politika", explicó a Interfax que "la decisión diligente e inesperada testimonia antes que nada que los dos campos no quieren estropear sus relaciones a causa del escándalo de espionaje".
Funcionarios estadounidenses indicaron que el canje fue organizado por el director de la CIA, León Panetta, y el jefe de los servicios de espionaje rusos, Mijail Fradkov, que ya habían desarrollado una "relación sólida" que les permitió actuar de modo expeditivo.
UN CURIOSO CASO DE ESPIONAJE
FUERON DETENIDOS sorpresivamente
El domingo 27 de junio el FBI hizo varios allanamientos en Virginia, Boston y Nueva York y detuvo a 10 personas, entre las que había 4 matrimonios. Casi todos eran ciudadanos norteamericanos y eran señalados por sus vecinos como gente normal.
ACUSADOS DE ESPIAR PARA RUSIA
Al día siguiente de la detención los sospechosos comenzaron a declarar. El FBI los perseguía desde hacía siete años y había llegado a la conclusión de que integraban los "Programas Ilegales", por lo que los acusaba de hacerse pasar por norteamericanos para infiltrarse en los centros de poder y enviar información clasificada al Kremlin.
UN ESPIONAJE CASI NOVELESCO
En su acta de acusación el Gobierno afirmó que los sospechosos recibían pagos en efectivo desde Rusia, tenían identidades falsas, realizaban intercambios de paquetes en zonas públicas y hasta enterraron dinero en un parque. También utilizaban tinta invisible y se comunicaban por ondas de radio secretas.
AGENTES MUY POCO PROFESIONALES
A pesar de todos los métodos secretos utilizados por los sospechosos, ninguno fue acusado en primera instancia de espionaje porque el FBI encontró que no enviaron ninguna información clasificada. Las autoridades aún se preguntan qué pudieron transmitir al Kremlin, dado que nunca accedieron a los círculos de poder norteamericano.
AL FINAL SE DIJERON CULPABLES
Ante la Justicia, los 10 acusados confesaron: espiaban para Rusia y casi todos tenían identidades falsas, uno de ellos incluso sostenía al principio que era peruano y había nacido en Uruguay. Tras la confesión, Washington negoció el intercambio de espías con Moscú.