CLAUDIO FANTINI
El Estado de Bienestar siempre estuvo ligado al comunismo. Lo curioso es que el actual proceso de desmantelamiento que parece estar marcando su final en Europa, también está relacionado, entre otras cosas, con el comunismo, pero de una manera que habría resultado impensable tiempo atrás.
El comunismo implicó la creación y expansión del Estado de Bienestar porque amenazaba la existencia del capitalismo. Luego implicó su flexibilización, porque el colapso soviético debilitó la amenaza. La paradoja histórica es que, en el siglo 21, el protagonismo de países gobernados por partidos comunistas plantea una competencia capitalista de tal agresividad, que socava el Estado de Bienestar en su cuna: Europa.
El sistema de protección social que hoy defienden las izquierdas, tuvo como primer impulsor a un conservador: Otto Von Bismarck. En el imperio alemán que había forjado a fines del siglo 19, el "canciller de hierro" puso el Estado a garantizar lo indispensable para los más débiles, porque tomó en serio el vaticinio de Marx en El Capital: los países industrializados engendrarán el proletariado que, al adquirir conciencia de clase, verá la explotación de la plusvalía y hará la revolución.
En la industrializada Inglaterra, John Keynes dio sustento económico al "welfare state", consciente de que las cíclicas crisis del capitalismo abrían las puertas del comunismo.
Fue precisamente una de esas crisis, la del 30, la que expandió al Estado benefactor hacia EE.UU., donde se construyó a partir del New Deal de Roosevelt, evitando que la desocupación reemplazara el capitalismo por el colectivismo.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en Europa hasta el conservadurismo que representaban de Gaulle y Adenauer era defensor del sistema de protección social, que no desalentó el crecimiento económico sino que, por el contrario, convirtió a muchos países europeos en potencias desarrolladas que aventajaron largamente a la Europa comunista que se extendía al Este. Por eso la decadencia del comunismo soviético alentó a Reagan y Thatcher a impulsar el fin del capitalismo social.
No obstante, en gran parte de Europa, el Estado de Bienestar se mantuvo intacto. Pero ahora, con esta sucesión de crisis financieras, parece haber entrado en una fase final. Los gobiernos están recortando beneficios y garantías sociales, para revertir el cataclismo económico.
La curiosidad histórica es que este desmantelamiento no sería consecuencia de la amenaza comunista, sino de la competencia desleal que plantean gobiernos en manos de comunistas, como los de China y Vietnam. Además de otras encrucijadas como el envejecimiento poblacional, Europa se plantea la forma de frenar la emigración de empresas hacia países asiáticos.
Antes nadie habría imaginado que los partidos que Mao Tse-tung, Chou En-lai y Ho Chi Ming llevaron al poder, ya no amenazan al capitalismo, sino a las conquistas sociales de los trabajadores europeos.