MATÍAS CASTRO
La telenovela nunca se queda sin guiones. Hemos visto que, en casos extremos, cuando los humanos ya se han peleado hasta el hartazgo, ponen a sus mascotas a hacer show. El caso de Graciela Alfano es emblemático en estas lides. Una vez que Alfano, Matías Alé y compañía se pelearon hasta agotarse, le tocó el turno a la segunda parte de una vieja disputa televisada: la de Ricardo Fort y Alé.
Muchos deben haber visto en televisión lo que ocurrió cuando Alé quiso festejar, o algo así, con uno de los guardaespaldas de Fort, el fin de su actuación en Bailando por un sueño. El guardaespaldas lo tiró al piso como reacción defensiva. ¿En qué estaba pensando Alé cuando se arrojó arriba de un tipo que solo está para ser una roca y cuidar al que le paga? Probablemente en nada. Es decir, solo daba rienda suelta a sus habituales reacciones inexplicables y exacerbadas ante cámaras, que lo convierten en blanco de risas de muchos. Pero se puede decir que esa acción descerebrada de arrojarse a festejar sobre un guardaespaldas no fue inocente, ya que acto seguido Alé se dedicó a cruzar insultos con Fort y con esto logró volver a poner en el tapete una pelea que comenzó el año pasado y parecía estar ya olvidada. Y, por supuesto, en la discusión se metió Silvina Escudero, ex de Alé que ya había estado liada con Fort.
El esquema entre causa y consecuencia es bien sencillo: el intento de festejo de Alé fue como una pequeña trampa que engañó a la audiencia y logró desatar una trama de disputas y rivalidades de la que todo el mundo puede hablar. Si fuera el guión de una película, no podría ser más cerebral, y por eso mismo merece ser llamado telenovela, aunque se trate de un grupo de famosos rioplatenses en una competencia de baile. Es que, una vez que terminó el programa, hay que hacer un esfuerzo para recordar que es una competencia de baile, ya que más bien parece un show gestado y mantenido por estas estrambóticas figuras.