ALEXANDER LALUZ
Alcanzan ocho mujeres bien plantadas para arrebatar un escenario con aroma de Lavanda. Pero más que aroma, perfume o color decorativo, Lavanda es un remolino sonoro que para hoy tiene planeado desencasillar -otra vez- la música en el CCE.
No será una andanada de hits para las FM, ni para disputar posiciones en algún chart de la industria. Será sí un planteo musical y escénico dedicado al ver-escuchar (o escuchar-ver), con una banda que, dicen ellas mismas, llevan más de una década trabajando juntas, buscando el placer de comunicar con el arte.
Detalles, entonces: el anuncio indica que hay que llegar una hora antes de las 20.30 (momento en que comenzará el espectáculo) y reservar el lugar; que no hay que gastar ni mucho, ni poco, ni nada porque la entrada es libre y gratuita; y, atención padres, también se puede llevar a los chicos. No hay que olvidar la dirección: Centro Cultural de España, Rincón 629. Vaya con tiempo.
¿Quiénes son estas ocho mujeres? Aquí la nómina: Laura Curto, Leticia Rubial, Luciana Bibbó, Macarena González, Magdalena dos Santos, Martina Bailón, Melania D´Acosta y Silvana Dalmás. Un batallón en escena. ¿Sus armas? Percusiones varias, guitarras, acordeón, metalofón, las voces y cuerpos que las implicadas portan con orgullo de musiqueras, educadoras, y, sobre todo, féminas bien plantadas. Y el plan de acción, dicho fue, las tiene como principales responsables de un ecléctico programa de Enka japonesa, gospel afroamericano, maracatú brasileño, canción de cuna sueca, canto guaraní, amazónico y candombe. Menú diverso que -otra vez en palabras de las Lavanda- está tamizado por la sensibilidad e inteligencia femenina.
Lavanda "es autogestionada en la parte de difusión y también en lo artístico", relata Silvana Dalmás, responsable de ponerle voz, la flauta, la actuación y su experiencia como maestra al colectivo. También cuenta que "como grupo tenemos seis años de vida pero antes veníamos de participar en un grupo de Murga Joven, y ese proceso ya tiene más de once años".
Como en todo colectivo, "cada una demuestra una fortaleza en algún aspecto específico, sea en el canto, en tocar un instrumento, en la actuación". Desde esa heterogeneidad es de donde justamente nace la concepción diversa del espectáculo, donde lo escénico, lo actoral, lo musical tiene pesos variables pero todos importantes. Sobre el escenario, explica Dalmás, "estamos todas al mismo tiempo, si bien los roles, los personajes van cambiando, y sus lugares en el espacio nunca son fijos".
El repertorio, por otro lado, se conforma con dos o tres creaciones del grupo, más otras "de distintas culturas, de distintos países, que nos llegaron porque alguna de nosotras viajó y descubrió esa canción, o nos las pasaron amigos músicos, y también otras que descubrimos en talleres, intercambios". Pero, recalca, todas versionadas con los instrumentos y la concepción peculiar de Lavanda, por la que "podemos abordar una canción japonesa" (o cualquier otro género o expresión) con el material tímbrico de la murga, por ejemplo, aunque haciendo un patrón rítmico completamente diferente.