GUILLERMO ZAPIOLA
Recién estamos en julio, pero ya empiezan a circular algunos nombres para las candidaturas de la próxima entrega de los Oscar. El primero de ellos, en el rubro mejor actor, es el veterano Robert Duvall.
Duvall "suena" por su protagónico en Get low, comedia dramática dirigida por el debutante Andrew Schneider, que se rodó en el año 2009 y circuló por algunos festivales (Toronto, San Sebastián, Sundance, Edimburgo), pero cuyo estreno se demoró, al parecer, especulando con que la labor del actor podría atraer este año a los votantes de la Academia, probablemente sin competir con Jeff Bridges, quien ganó el Oscar de la temporada anterior por su actuación en Crazy heart, una película en la que casualmente también actúa Duvall. El film llegará finalmente a pantallas norteamericanas el próximo 30 de julio.
En el papel al menos, el tema y el elenco poseen un indesmentible atractivo. Junto a Duvall asoman Bill Murray (el más subestimado de los actores de Hollywood, pese a su excelente aporte en Perdidos en Tokio) y la no menos veterana y espléndida Sissy Spacek, quien hace mucho tiempo fue La hija del minero. Y la historia tiene lo suyo.
HISTORIA. El guión de Get low, escrito por Chris Provenzano y C. Gaby Mitchell sobre asunto de Provenzano y Scott Seeke, se basa en hechos reales acaecidos en el estado de Tennessee en tiempos de la Gran Depresión. Se trata del caso de una celebridad local, un ex presidiario llamado Felix `Bush` Breazeale (Duvall), quien tras un incidente devastador desapareció en el bosque, y reapareció catorce años después (en 1938) con la intención de planear su propio funeral para poder "disfrutarlo" mientras estaba todavía con vida. La curiosa ceremonia fue organizada junto con dos socios de una funeraria, amigos del personaje, que probablemente vieron en toda la situación una oportunidad de promover su negocio.
El asunto suena a muy bizarro, pero puede serlo menos en la carrera de Duvall, un actor con una predilección por los personajes "extraños" y los ambientes de la América Profunda que le han proporcionado algunos de sus mejores papeles (El precio de la felicidad, 1983, que le valió un Oscar; la magnífica El apóstol, 1997, que también escribió y dirigió, y que debe ser el único acercamiento serio, sin caricatura ni maniqueísmos, que el cine ha proporcionado sobre el evangelismo fundamentalista del Cinturón Bíblico norteamericano). Ese último aspecto, al igual que su fascinación por el `western` en una época en que el género no está exactamente de moda, puede ser un reflejo de su conservadurismo ideológico (vio con Bush en la Casa Blanca el estreno de su telefilm Broken Trail, hizo campaña por John McCain, y hay quien dice que es, junto con "Arnie" Schwarzenegger, la única figura del Hollywood actual que vota a los republicanos), o en todo caso una particular forma de entender "lo americano".
El proyecto de Get low se demoró ocho años porque había que conseguir financiación, y el trabajo no fue fácil (el actor es también uno de los productores ejecutivos). La mezcla de drama y comedia en torno a un personaje ermitaño y excéntrico asustaba a los productores, y se requería de mucha fuerza de convicción, y de la seguridad de que el personaje corriera por cuenta de un actor poderoso y con un gran dominio del matiz, para que el proyecto pudiera salir adelante. Casi todos parecen estar de acuerdo en que Duvall era justamente ese actor, y es posible que gracias a ello, principalmente, es que Get low llegó a existir.
Dado que el film trata acerca de un funeral, era probablemente inevitable que le preguntaran a Duvall (79 años) qué le gustaría que dijeran en el suyo. La respuesta es muy directa: "Que digan lo que quieran. Eso: que digan lo que quieran. ¿Qué dirán? ¿Qué fui un buen tipo? No tengo la menor idea. Y no debe haber censura".
Duvall es demasiado inteligente como para tomarse a sí mismo y a su trabajo de un modo solemne. Cuando lo interrogan sobre su capacidad para sumergirse en un personaje, y si le cuesta trabajo luego despegarse de él, contesta: "Actuar es jugar. Cuando los niños juegan, actúan. Uno es el doctor, otro es el rey. Actuar es jugar, es divertirse. Uno no se transforma realmente en otro. Bueno, en cierta forma sí lo hace, pero utilizando las propias emociones, la propia psicología. Uno hace el trabajo y luego se va para casa. Si cree que lo ha hecho bien, se siente bien. Si cree que hizo algo mal, piensa: `¡Oh, Dios, metí la pata!`... Es un juego. Solamente hay que dejar que suceda".
COSTOS. Duvall está convencido que las películas de bajo presupuesto, con historias originales y buenos actores, suelen ser mejores que las superproducciones, pero también son las más difíciles de hacer. Los productores prefieren lo seguro, y lo seguro es el gran espectáculo. con explosiones y efectos especiales. Por su parte, él sigue extrañando el `western`, y le gustaría hacer más.
"Los ingleses tienen Hamlet y El rey Lear, tienen a Shakespeare, los franceses tienen a Moliere, el western es nuestro", sostiene. "Es nuestro género desde Alberta para abajo. No sé si realmente cuenta la historia, porque dicen que en la realidad la cosa más difícil para un vaquero era dormir a campo abierto. Antes de la Guerra de Secesión, tres de cada cinco vaqueros eran negros. Luego, los tipos del Sur, los veteranos de la Confederación, perdieron la guerra, se fueron al Oeste y se convirtieron en vaqueros. Pero sigue siendo nuestra herencia".
Cervantes visto por Gilliam
No hay dudas de que Duvall es un actor realmente versátil. Puede hacer héroes y villanos, y va a interpretar a Don Quijote de la Mancha en la demorada pero ahora inminente The man who killed Don Quixote de Terry Gilliam, una fantasía acerca de un individuo del siglo XXI que se ve transportado mágicamente a la España del siglo XVII, se encuentra con el personaje de Cervantes y es confundido por éste con su "sidekick" Sancho Panza.
Veteranos de gran valor
Duvall es solamente uno de los varios productores y productores ejecutivos de "Get low", de modo que resulta difícil averiguar quiénes fueron los verdaderos responsables del "casting". De lo que no hay duda es de que apuntaron bien. Hace tiempo que tendrían que haberse dado cuenta en Hollywood de lo bueno que es Bill Murray, un hombre habitualmente desperdiciado en comedias menores aunque de pronto puede hacer "Perdidos en Tokio" o "Flores rotas".
La industria ha sido más sensible a las calidades de Sissy Spacek, y hasta la premió siendo más joven: "La hija del minero" (1980) le valió un Globo de Oro y un Oscar, además de otros premios. No siempre, sin embargo, le han otorgado papeles a la altura de sus posibilidades. Competir con Duvall y con Murray debe ser un estimulante desafío.
La versatilidad de un actor de condiciones excepcionales
Había hecho bastante televisión antes de obtener su primer papel relevante en cine, breve pero clave, en Matar un ruiseñor (1962) de Robert Mulligan. Robert Selden Duvall nació en San Diego, California, el 5 de enero de 1931. Es descendiente del general sureño Robert E. Lee (a quien encarnó en un telefilm), y más lejos de George Washington. Su padre fue almirante de la Armada de los Estados Unidos, y su madre, actriz aficionada, le transmitió su fe en la Iglesia de la Ciencia Cristiana (quizás ahí esté el origen de su espléndido film El apóstol). Actor versátil y buen director, Duvall permanece empero en el recuerdo del espectador, especialmente, por algunas de sus colaboraciones con Francis Coppola, en El padrino y sobre todo en Apocalypse Now: es difícil olvidar la escena posterior al bombardeo en la que su "coronel Kilgore" aspira el napalm y musita: "Huele a gloria".