ALEXANDER LALUZ
Con paciencia de sabio académico y pericia de inquieto intelectual, Umberto Eco acaba de culminar su última novela, cuyo manuscrito de casi 500 páginas ya está en manos de la editorial Bompiani y listo para ser lanzado en el mes de octubre.
El título será El cementerio de Praga, y sus personajes darán vida (ficticia) a historias de espías, conspiradores, políticos en una europa decimonónica agitada por la tensión en varios frentes.
Datos suficientes para adelantarse a una novela, la sexta en la prolífica y variada obra de Eco, que fue concebida con probada idoneidad en el manejo de la recepción (las idas y vueltas de sus "lectores y autores modelos", el peso semiótico de lo no dicho) y en el refinado ejercicio de anudar capas (muchas capas) en el flujo narrativo, que resultan, siempre, de una profusa documentación histórica.
En su comunicado de prensa, la editorial resume así esta historia de ribetes épicos: "Contratado por los servicios secretos de media Europa, un cínico falsificador urde tramas, conjuras, complots, atentados que, de hecho, marcaron la trayectoria histórica y política del continente. Una novela sobre los pliegues más secretos e inconfesables de la política del XIX que reverbera una luz inquietante sobre el tiempo que vivimos".
El cementerio de Praga llega, además, a treinta años de la publicación de El nombre de la rosa, un título que ubicó al prestigioso semiólogo, crítico, ensayista y docente italiano en el mapa de la ficción a nivel mundial, y que alcanzó una difusión masiva a través de la recordada adaptación cinematográfica del director francés Jean-Jacques Annaud, en 1986 (con Sean Connery, Christian Slater y Ron Perlman en los roles protagónicos).
A ese texto inaugural, le siguieron otras cuatro novelas: El péndulo de Foucault, La isla del día antes, Baudolino y La misteriosa llama de la reina Loana. Tras esta última publicación, Eco había consignado públicamente que no volvería a incursionar en la ficción. Sin embargo, tiempo después se desdijo con su habitual habilidad para los discursos, indicando que desde el año 2004 estaba trabajando en una nueva historia, pero sin entrar en demasiados detalles.
Y como para movilizar intereses cabalísticos o incentivar algún ejercicio semiótico (de los que ha dejado sendas pruebas en sus trabajos ensayísticos), aprovechó para tirar al ruedo mediático la idea de que su publicación podría anunciarse para 2010 o 2011, teniendo en cuenta los intervalos de tiempo entre cada una de sus novelas anteriores. Y se cumplió: hoy aquella "misteriosa" obra tiene título y fecha de lanzamiento.
prolífica inquietud. Hasta el día de hoy, Umberto Eco, de 78 años, sigue siendo uno de los intelectuales de primera referencia en Italia. Su prestigio se sustenta en una extensa producción de ensayos y textos analíticos en los campos de la estética, la historia, la comunicación, la lingüística y la semiótica. En este último, textos como Signo, Tratado de semiótica, Los límites de la interpretación, Lector in fabula o Kant y el ornitorrinco, ofician de bases sintéticas para una disciplina que ha hecho de la interpretación un altar en la academia, y una fuente de herramientas para el análisis de la cultura y la sociedad contemporánea.
Por otro lado, un ya viejo trabajo como Obra abierta, que reúne con hablidad una serie de ensayos, iluminó muchos comportamientos de la creación y la recepción artística, y es, también hasta hoy, un título de consulta obligada. Lo mismo puede decirse de aquel tantas veces citado Apocalípticos e integrados, con el que puso la mira del análisis en la emergente comunicación de masas y sus problemas.
Por esta amplia y diversa obra, este señor de amabilidad generosa y filosa mirada a la realidad, ha recibido ya incontables reconocimientos y honores académicos, al punto que en alguna oportunidad llegó a confesar que renunció a estos galardones. Razones hay muchas, pero él también ha reconocido que tiene ciertos problemas con muchas reverencias con las que hay que cumplir en las liturgias universitarias, por ejemplo, para los tan manidos honoris causa.
Eco nació en Alessandria, ciudad del Piamonte, el 5 de enero de 1932. Y desde su juventud, sus primeros años en la universidad, luego en los varios postgrados y hasta el presente, ha dejado muchas muestras de un inusual vigor intelectual y una inquietud por no quedar confinado en los claustros intelectuales y salir a involucrarse en la dinámica cotidiana de la sociedad, la política y el arte.