F. BONHOMME Y P. MANGO
Para la abuela del Loco Abreu, lo mismo que para la madre y la hermana de Lugano el de ayer fue un día imborrable. De algún modo fueron las "embajadoras" que recibieron en sus nombres el saludo de la fervorosa multitud que salió a festejar.
En cinco minutos la casa de Chiquichi, la abuela del "Loco" Abreu se volvió un verdadero avispero. El teléfono no paraba de sonar, el celular de su hija Clarisa, lo mismo. La gente que pasaba por la calle le gritaba y le tocaba bocina, otros paraban a tocarle timbre para darle un beso. Es que además de unos cuantos años, la abuela del "Loco" tiene la misma simpatía y carisma que su nieto y si es como ella dice que él es un iluminado y tiene ángel, ella no se queda atrás.
Apenas pudo "zafar" de los compromisos, se subió al auto de la hija y salió con una bandera uruguaya a festejar rumbo al Centro con toda la población. Ella es futbolera de siempre y una instancia como esta nunca había vivido. "Si no me dio un infarto hoy, no me da más", comentó Chiquichi.
El partido, por cábala, lo mira en su casa, sin su familia, sólo con una acompañante que está todo el día con ella. Cuando ayer Sebastián entró a la cancha ella estaba acostada en la cama y casi se cae al suelo del salto que dio. A su lado, en la mesa de luz, estaban la Virgen del Verdún, un rosario y la foto del nieto adorado.
Luego en el momento del penal, se dio cuenta por la cara de Sebastián que estaba rezando a la Virgen. "El es muy creyente, yo lo conozco y sé cómo piensa y reacciona". Asegura que cuando se acomodó la media, antes de patear, fue para "acariciar la estampita de la Virgen" que lleva en el tobillo.
Además reconoció que los muchachos ya han cumplido: "En esta sociedad tan decadente, este ejemplo nos viene bien". Con una amplia sonrisa, entrecortada por momentos, por lágrimas de emoción, envió un saludo a todo el país. "No puedo demostrar lo que siento ahora, pero le envío un gran abrazo a todos los abuelos que están pasando por lo mismo que yo. Lo único que lamento es no poder tenerlo acá para comerlo a besos. Para mí ya son campeones", comentó Chiquichi.
EL CAPITÁN. La multitud se volcó a la plaza principal de Canelones apenas Uruguay se consagró con el triunfo. Bocinas, bombas y gritos poblaron las calles. Los abrazos, gritos y vítores rodearon a Daiana Morena y Rossana Lugano, madre y hermana del capitán de la selección celeste, Diego Lugano.
Daiana vive en un complejo de viviendas del Banco Hipotecario ubicado en la calle principal de la capital canaria. El "salón comunal" se preparó desde el jueves con globos y una enorme bandera que colgaba afuera con la leyenda: "Fuerza Diego". Parecía un pálpito de lo que sucedería con el jugador que tuvo que salir de juego por una lesión. Dado que además trabaja en el INAU local, también estaban presentes los chicos del hogar infantil.
Pese a lo sucedido a "La Tota", el ánimo no decayó. Era ella la que seguía gritando e insistiendo: "Ganamos en los penales, vamos que ganamos".
Cuando comenzaron los penales, no volaba una mosca en el salón comunal. Se festejaron por igual, los goles uruguayos y los que erró Ghana.
Después sí, a la calle. Lágrimas, gritos y emoción sobre todas las cosas. Sin ocultar todas esas emociones, Daiana dijo a El País que sentía no sólo su alegría sino la de amigos y familiares. Apenas terminó el primer tiempo salió corriendo a hablar por teléfono. Como era de esperar quería saber el estado de salud de su hijo. Según comentó luego a El País, fue su nuera la que le trasmitió tranquilidad: "Me dijo que estaba bien, él tiene problemitas en la rodilla es el de siempre. Pero nada importante". Iba a esperar pacientemente que la selección volviera al hotel, y que su hijo cenara para poder comunicarse con tranquilidad.
Ahora, la madre de Diego tiene la expectativa puesta en el próximo partido. Y al pedirle un mensaje a la hinchada, fue categórica: "Que sigan así (alentando) que lo conozco (a Diego), debe ser de los que está más felices por la alegría que le está dando al pueblo".
El gesto antes del gol del triunfo
La abuela de Abreu: "Antes de patear acarició la estampita"
Él es muy creyente, yo lo conozco y sé cómo piensa y reacciona", dice Chiquichi, la abuela de Sebastián "El Loco" Abreu. Fue el momento decisivo, cuando todos los uruguayos contenían el aliento mientras El Loco se aproximaba con aplomo al punto penal, tomaba la pelota y antes de dar el paso atrás se arreglaba las medias. No se trataba de un gesto casual, asegura su abuela. Sebastián, en realidad, no estaba acomodando su indumentaria. El gesto tenía por objeto "acariciar la estampita de la Virgen", que siempre lleva en el tobillo, como para bendecir la pierna que, finalmente, haría ese casi milagro y colocaría a la selección en semifinales.