MATÍAS CASTRO
Las paredes tienen ojos, se dice, y en algunos ambientes la expresión es más real y cotidiana que en otros. En el de los famosos, por ejemplo, las paredes tienen ojos, oídos, cámaras, grabadoras y hasta intenciones de divulgar cualquier cosa que parezca llamativa y pueda generar dinero. Para quien no tenga mucha soltura en esos medios, la vida de la celebridad puede convertirse en una experiencia verdaderamente paranoica.
Pero hay quienes están por encima de esto, como Susana Giménez y Moria Casán. Este miércoles ambas se cruzaron en un restaurante de Buenos Aires, según contaba una crónica de la página web Primicias Ya, y ni siquiera se miraron. Las versiones sobre su clásica rivalidad salieron a la luz en el mismo momento y, de hecho, cuando Moria Casán entró al lugar hubo unas cuantas miradas atentas para ver si se saludaban o no. Y efectivamente, no lo hicieron.
La nota de esa web dice que Giménez compartía mesa con Teté Coustarot y que Casán estaba acompañada por "un joven". Nada nuevo bajo el sol en este sentido, salvo que alguien quiera saber quién era el "joven" que estaba con la actriz y productora teatral. Si bien no se habló mucho al respecto, no es disparatado aventurar que así como el muchacho apareció, desaparecerá en poco tiempo.
Lo cierto es que detrás de todo esto se encuentra el arte de vivir como si la constante vigilancia no ocurriese. Hay algo de aceptación del asunto, ya que es imposible evitar que la gente repare en el hecho de que un famoso entra a un lugar público sin ser el centro ni nada por el estilo. La cuestión está en cómo se lidia con esto. Giménez y Casán saben que habrá gente atenta a lo que hagan, pero no viven pendientes de esto. Y por otra parte, si se hubieran saludado solo por compromiso, también las hubieran estudiado de pies a cabeza y se estaría comentando del mismo modo. La vida en el mundo del chisme no es para cualquiera, aunque cualquiera puede consumirla. Esa es la diferencia.