EDUARDO BARRENECHE
El Hogar Ituzaingó, en el centro de la Colonia Berro, está rodeado de "Sarajevos". A un lado, el Hogar Piedras. Al otro el Ser. Ambos protagonistas de cinematográficos motines. En cambio, las puertas del Hogar Ituzaingó están abiertas.
"Estoy en el Ituzaingó, porque maté a un loco a la salida de un baile. Él había apuñalado a mi tío y yo le dije: `si se va mi tío, vos también te vas`. Lo correteamos con un amigo y lo agarramos. Le golpeé la cabeza con una enorme piedra y murió días después", relató Luis, un adolescente de 16 años oriundo de Rivera.
Miguel tiene apenas 15 años. Sin embargo, habla y posee una mirada de un hombre de 30. Vivió desde niño en el barrio Borro, uno de los más peligrosos de Montevideo.
"Fui internado porque maté a un `botón` (policía). Era él o yo. Fue después de una rapiña que hicimos. No sé porque se metió en un asunto que no era suyo", dijo Miguel.
Santiago contó, casi con aburrimiento, cómo copó una estancia de un anciano en Artigas y lo maltrató con otro amigo para sacarle la plata.
"Yo trabajaba en una máquina de esquila. Y encaramos ese robo. Al viejo lo dejamos atado en una silla pero no lo lastimamos mucho", dijo.
Paolo, Miguel y Santiago lucen como cualquier adolescente. Buenas ropas, championes Nike nuevos y vaqueros limpios. Llevan los cabellos teñidos y caravanas. Los tres no quieren fugarse. Saben que, si la Policía los atrapa otra vez, irán al Ser o al Hogar Piedras.
Los tres menores coincidieron en que los internos son maltratados en el Hogar Piedras. "Allí te hacen `ladrar` (gritar) por más comida y salidas al patio. Te tienen continuamente `empastillado` (medicado con somníferos)", dijo Paolo.
Luego comparó el Piedras con el Ituzaingó. "Acá en el Ituzaingó nada de eso ocurre. Nos dan buena comida - `mila` los viernes- y ropa para el que llega sin nada", explicó.
Miguel recordó otros hogares del INAU como el SEMEC -General Flores y Bulevar Artigas- o el Puertas -Colonia Berro-. "Cuando me trajeron, estuve dos noches durmiendo con 26 locos en tres habitaciones. Dormíamos en el suelo", indicó.
REGLAS. El miércoles 30, el Hogar Ituzaingó celebró su noveno aniversario. Se trata de una gran casona antigua. Allí se alojan 32 menores infractores, la mayoría de ellos ingresaron por homicidios.
La casa se la ve prolija y pintada. Sólo las rejas interiores que separan distintos ambientes recuerda al visitante que está adentro de un hogar para menores. En el primer piso se encuentran las celdas. Sus puertas son de madera muy antiguas. Carecen del clásico "sapo" (mirilla) que existen en otros establecimientos carcelarios más modernos.
En el hogar, los jóvenes cuentan con piso de material, un pequeño escritorio y una cucheta.
En los pasillos están los baños y la sala de recreación. Afuera, el hogar posee una cancha de fútbol, otra de basquetbol y se está construyendo una piscina con el trabajo de los internos.
El frente del hogar luce el pasto bien cortado.
Los adolescentes dijeron, con orgullo, que allí reciben a sus familiares. Varios bancos alejados en un pequeño parque brindan suficiente intimidad.
El subdirector del hogar, Jorge Muñoz afirmó que el proyecto, que comenzó hace nueve años, apunta a educar a los menores sin importar el delito que hayan cometido -la mayoría ingresó por homicidios-.
"Nosotros hablamos con los chicos y nos entendemos. Acá nunca hubo un motín. Tampoco ingresó un policía o un funcionario de otro hogar a reducir un joven", dijo.
El miércoles 30, integrantes del Directorio destacaron la labor del hogar Ituzaingó en comparación con la de otros centros de la Colonia Berro.
En el mismo acto, varios comentaban como una suerte de contradicción que la directora del Hogar Ituzaingó Paula Cores haya sido separada del cargo por un tema administrativo menor.
Trabajo y piscina en un hogar
La mayoría de los jóvenes internados en el Hogar Ituzaingó cuentan con un largo historial de adicciones, sobre todo a la pasta base. El subdirector del Hogar Ituzaingó, Jorge Muñoz dijo que los internos no son medicados en el centro. "En nueve años ningún joven recibió un fármaco. Eso está registrado. Este el único hogar que pasa eso. El trabajo en la quinta o en el criadero de chanchos y el apoyo entre ellos es fundamental", dijo. Los adolescentes también participan en la construcción de una piscina en el hogar.