"A la primera pitada sentís como que estás en el aire, y después no querés bajar… Querés seguir fumando". "Atacar una boca de droga nos lleva mucho tiempo". Como jueces "tenemos mucha presión social".
Adictos, un policía, una jueza, una mula y psicólogos cuentan sus experiencias sobre la pasta base en el libro Rostros que se hacen humo. Historias y miradas sobre la pasta base en Uruguay realizado por las periodistas Ximena Aguiar y Ana Pais. La publicación será presentada mañana, por la Junta Nacional de Drogas (JND), en el marco del "Día Internacional Contra el Abuso y el Tráfico Ilícito de Drogas".
Las autoras narran, a través de los distintos testimonios, cómo "la sustancia amarillenta" destrozó la vida de los adictos entrevistados. La primera historia que presentan es la de un chico de 29 años llamado, por Pais y Aguiar, "Martín".
El joven cuenta que "las malas juntas", "la vagancia" y "la fisura" lo llevaron primero a dejar la escuela, después a dedicarse a la marihuana y el vino, y finalmente a consumir pasta base. Casi sin darse cuenta Martín se transformó en un adicto. Empezó a mentirle a su madre, tía, amigos y conocidos para conseguir alrededor de $ 30 para comprar su dosis de pasta base.
Martín comentó a las autoras que tuvo "una serie de pasos previos antes de llegar a los robos en la casa materna".
"Antes de tocarle las cosas a mi madre iba y hacía volquetas. Después junté botellas, plástico, pomos. Hacía $ 50, $ 60, pegaba (compraba) dos chasquis, unos cigarros sueltos y arrancaba para otra calle". Después dejó de trabajar y conseguir pasta base se volvió el centro de su vida. Como consecuencia la casa de su madre tuvo únicamente -durante años- un colchón. Lo que no fue vendido por Martín estaba guardado en la casa de una vecina: desde la televisión hasta la ropa de la mujer.
El joven fue entrevistado por las autoras en el Portal Amarillo, adonde se recupera de su adicción.
Una de las personas que más lo impulsó a iniciar un tratamiento fue Romina, una chica con quien Martín estuvo ocho meses de novio hasta que la madre de la joven se enteró que salía con un adicto y amenazó con mandarla a vivir a España.
Martín no sabe cuándo le darán de alta en el Portal Amarillo. Pero mientras continúa el tratamiento aprovecha para terminar sexto de escuela con la maestra de la institución, juega al fútbol con un grupo de amigos que "recuperó" y participa en un programa de una radio comunitaria.
"LA LEY". Gutiérrez, un oficial de Orden Público de la Jefatura de Montevideo, comentó a las autoras cómo se desarrollan las tareas para desarticular bocas de pasta base.
"La boca tiene poquita droga, nunca vas a encontrar grandes cantidades… Mientras nosotros entramos a la casa (en un allanamiento), es ir al water, tirar de la cisterna y chau. Se eliminó la prueba, no hay nada. Sin pruebas, por más convencimiento que tenga el policía de que en el lugar se venden drogas, no puede haber procesamiento", dijo Gutiérrez.
Según comento el oficial, "atacar una boca de droga te lleva tiempo. Tenés que pedir una orden de allanamiento, pero debés darle ciertos elementos al juez para que te la otorgue, elementos de convicción suficiente".
Las personas que venden droga no tienen un perfil que las distinga de antemano, sostiene Gutiérrez. Eso sí: "Son ambiciosos. Es el negocio de ellos. Ellos quieren crecer".
Para Gutiérrez las penas por los delitos vinculados a drogas son demasiado cortas. Pero eso no depende de él, sino del marco legal y el juez actuante. "Lo voy a decir bien sencillo: una persona que nosotros detenemos, con antecedentes, está dos meses y medio en la cárcel, nada más. Además hay algunos procesamientos sin prisión".
Por su parte la jueza, Graciela Gatti explicó a las autoras de Miradas que se hacen humo, que entre los jueces penales uruguayos hay un consenso no explícito al momento de fijar la pena por la comercialización de marihuana y de la pasta base: mientras al primero suelen darle 24 meses de prisión, al segundo le fijan al menos dos años de penitenciaría. Aunque numéricamente los plazos son los mismos, la diferencia entre meses y años determina que un delito sea excarcelable o no.
"No se suele tratar de la misma manera si es marihuana que si es pasta base. Se hace una escala de peligrosidad", explicó Gatti.
Desde la perspectiva de Gatti, se perciben claras diferencias entre los grupos según la droga que comercialicen. Mientras con la cocaína el negocio "es más profesional", con la pasta base "hay familias enteras procesadas, hasta la abuela. Se arriesga poco dinero y se va haciendo el negocio día a día". Lo que Gatti sí encuentra similar entre la pasta base y la cocaína son las líneas de traslado. Aunque han ingresado cargamentos por barco o avioneta desde distintos países, lo más frecuente es el ingreso en el país desde Argentina, usando las "viejas vías de comunicación de los contrabandistas, que pasan mercadería en lancha a través del río Uruguay. Hay pasadores profesionales. Nos ha pasado muchas veces que se manda a alguien con el dinero y esa persona vuelve sola, sin la sustancia".
La jueza reconoció que en las comidas familiares escucha los comentarios de parientes que "se horrorizan de las penas bajas que aplicamos los jueces".
Cuando el discurso se reproduce en los medios de comunicación, la jueza dice sentir "presión social" para aplicar penas más duras en delitos relacionados con la pasta base.
NÚMEROS. Según la Junta Nacional de Drogas, al 30 de abril de 2010 se habían requisado 67.812 gramos de pasta base; casi la misma cantidad que el organismo se incautó durante el año 2007: 71.512 gramos.
Las incautaciones de cocaína (248.366) y marihuana (190.666) son mayores.
Las principales requisas de pasta base en los cuatro primeros meses del año fueron realizadas por la Dirección General de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas (66.062 gramos), la Jefatura de Policía de Montevideo (992,70 gramos) y la Jefatura de Policía de Salto (725,00 gramos).
Hasta el pasado mes de abril unas 372 personas fueron detenidas por tráfico y venta de drogas; 121 fueron procesadas. De ellas 50 son mujeres y 171 son hombres.
La cifra
67.812 Gramos de pasta base son los que la Policía se incautó en los primeros cuatro meses de 2010. 372 personas fueron detenidas.
ACTIVIDADES PARA MAÑANA
Jornada "Consolidando Redes" para un abordaje comunitario de drogas, dirigido a referentes locales, técnicos, profesionales de la salud y educación, y diversos actores sociales interesados en la temática. La actividad será hoy a las 14 horas en la Sede Social Comunidad "OGUM DAS MATAS" (Benito Riquet 333 esq. Conciliación)
La presentación del libro "Rostros que se hacen humo. Historias y miradas sobre la pasta base en Uruguay" de las periodistas Ximena Aguiar y Ana Pais, será mañana a las 17.30 horas en el anfiteatro de AEBU (Camacuá 575)
El sábado a partir de las 18 horas se realizará la presentación del Proyecto Social "Qué barrio queremos" en el Complejo José P. Varela (Av. Bolivia y Cno. Carrasco). Además se realizarán actividades que apuntarán a la reflexión y compromiso para enfrentar la problemática de drogas. Será "el punto de partida para nuevas propuestas".
Centros barriales para los adictos
La Junta Nacional de Drogas (JND) prevé crear en todos los barrios de Montevideo y el interior del país "centros de escucha y amparo" que brinden atención a adictos y madres "desesperadas". El proyecto, que está incluido en el presupuesto transversal que realizó la Junta, sería en coordinación con los Ministerios de Desarrollo Social, Salud Pública y Turismo y Deporte; el INAU y las intendencias.
"Queremos que los distintos ministerios que estén involucrados tengan recursos para el tema drogas para un enfoque territorial. También que las Juntas Departamentales tengan dinero para invertirlo en este trabajo" aseguró a El País el presidente de la JND, Milton Romani.
La idea además es coordinar los recursos estatales y municipales del barrio con líderes comunitarios para "dar respuesta en cada zona y en cada departamento".
"Queremos extender la experiencia que se está desarrollando en el Centro de información y escucha del Mercado Agrícola, en la policlínica de La Teja y en el proyecto `Cerro sin drogas`", comentó.
La JND pretende que en los establecimientos no sólo se canalice el tratamiento de los adictos sino que también se les ofrezca capacitación laboral, actividades deportivas y educativas. Y que además funcionen como centros de escucha y ayuda para sus familias.
"Para controlar las drogas es fundamental también la continuidad del plan de operaciones contra el narcotráfico y el lavado de dinero. Tenemos que enfrentar un problema mundial, que se extiende, pero si cada uno se lava las manos se va a extender más", aseguró.