MATÍAS CASTRO
El circo no termina y parece ponerse cada vez más extraño. Ahora la pelea entre dos "adultos", o algo así, se extendió a una disputa entre perros y gatos. Como muchos televidentes habrán podido ver esta semana, la gata de Graciela Alfano arañó ferozmente al perro de su ex, Matías Alé. De no haber ocurrido en un programa en vivo, no habría dudas de que fue un hecho guionado.
Alé y Alfano fueron pareja durante varios años. Luego se separaron. Este año Showmatch, programa en el que años anteriores pudieron exhibir con gusto sus intimidades, los vuelve a juntar. Ella como jurado, él como competidor. Y por ahí está también la más reciente novia de Alé. El enredo se muestra perfectamente orquestado y le aporta a la competencia de baile un colorido que ningún otro lío le ha dado. La mayor prueba de esto es que si se creía que con el desmayo de Alfano, el lunes pasado, se había llegado al non-plus-ultra del show, lo lograron superar. Esa capacidad de sorpresa, lograda a través de la pelea entre perro y gato, es algo que pocas celebridades pueden conseguir. Ni siquiera Ricardo Fort, con todo lo que ha trabajado e invertido para promocionarse y estar en el medio, podría hacer algo así.
Es cierto que el hecho de que la pelea entre Alé y Alfano se traslade a sus respectivas mascotas puede parecer ridículo. Y lo es, en gran medida. Pero justamente el valor está ahí, y en el hecho de que lograron una forma muy risible de continuar sumando puntos de rating en base a cosa que no tienen nada que ver con las competencias de baile del programa ni con soñadores con planes solidarios. Porque eso es lo que de verdad le importa al público, y reconocer eso al poner al gato y al perro enfrentados es todo un hallazgo.
¿Qué harán después de esto? No me imagino. Lo cierto es que un arañazo de gato les abrió la puerta a poder seguir discutiendo, tras una supuesta reconciliación. Aunque el medio de la farándula parezca bastante chato, lo de las mascotas implicó cierto despliegue de imaginación.