ALEXANDER LALUZ
Fueron varios los intentos y los anuncios que no se concretaron, pero ahora la artista oaxaqueña Lila Downs finalmente confirmó la fecha para su primer recital en Uruguay. Será el próximo 23 de agosto, a las 21 horas, en el Cine Teatro Plaza.
Y aunque sus discos y sus otros proyectos artísticos los contemos en la lista de "deudas" (o la de los manidos desconocimientos que "asustan" las taquillas y provocan reacciones de "estupores" varios), la temperamental propuesta de Downs ha provocado la atención de un público cada vez mayor a nivel local.
El fenómeno no es algo extraño, incluso en estos tiempos de mediatización absoluta: es que el tradicional "boca a boca" -sumado hoy a las variantes del "disco a disco", "DVD a DVD", "MySpace a MySpace"- sigue vigente.
Muchos escuchas y cinéfilos atentos ya la habrán descubierto en Fados, la relativamente reciente realización de Carlos Saura. O, quizás, como uno de los nombres más convocantes, originales, en los anuncios del próximo estreno en Broadway de Como agua para chocolate, una adaptación musical de la novela de Laura Esquivel.
Sin embargo, y pese a los brillos de estos titulares, su trayectoria artística reconoce varios hitos acumulados en más de una década de apuestas a un vital concepto de lo multicultural.
Anita Sánchez y Allen Downs estuvieron en el principio. Ella, cantante de cabaret. Él, profesor de cine de Minnesota. Y también Tlaxiaco, Oaxaca. De esta relación nació Lila, y de ella heredó un mapa genético-cultural signado por el encuentro entre las diferencias.
Su vida transcurrió precisamente en honor a esas diferencias (o distancias): tiempos en Oaxaca, California, Minnesota, México DF, Philadelphia, Nueva York. En esos tránsitos obtuvo su licenciatura en Antropología, mientras iniciaba, con apoyo del saxofonista Paul Cohen, su vida profesional en la música.
Estas dos disciplinas, la música, la antropología, surtieron el pensamiento de Lila con esas otras visiones, siempre necesarias, para encarar los acoplamientos de lenguajes como fuerzas creativas y no como meras hibridaciones. Es así que en sus repertorios ha incorporado como bandera las raíces culturales mexicanas (como las lenguas náhuatl, zapoteco o maya), o los sonidos de una modernidad tecnológica (léase rock, electrónica, hip hop). Su voz, paralelamente, ha ido madurando un estilo rico en matices, amplio en su registro, que le permite abordar con soltura géneros populares muy diversos, y, a la vez, lucir una multicolor puesta en escena.
De su amplia discografía, nuestro mercado cuenta hoy con un título fundamental para completar un completo perfil de este estilo: The very Best of El Alma de Lila Downs (2008). Sencillamente, fundamental.