Filas extensas de personas se formaron hoy en la municipalidad de Lisboa para dar el último adiós a José Saramago, el escritor portugués, premio Nobel de Literatura, quien falleció ayer y cuya figura siguió recibiendo elogios, aunque también nuevas críticas de la Iglesia católica.
Los restos mortales de Saramago, fallecido el viernes a los 87 años en la isla canaria de Lanzarote a causa de una leucemia, llegaron en un avión de la Fuerza Aérea portuguesa a las 14.30 locales al aeropuerto internacional de Lisboa.
El cuerpo del novelista, muy ligado a América Latina por los millones de lectores de su obra y su interés sobre los acontecimientos políticos, será incinerado mañana en Lisboa.
Sus cenizas quedarán en Portugal, por "voluntad expresa" del novelista, que también escribió poesía y teatro, según informó el administrador de la Fundación José Saramago, José Sucena.
La figura y obra del portugués, marcada por el compromiso político y la preocupación sobre la dignidad humana, continuó recibiendo ponderaciones hoy por parte de escritores como los colombianos Laura Restrepo y Álvaro Mutis, el chileno Luis Sepúlveda o el mexicano Carlos Fuentes.
También lo recordaron, entre otros, el presidente salvadoreño, Mauricio Funes, el actor mexicano Gael García Bernal y el director brasileño, Fernando Meirelles, quien llevó una de las obras de Saramago, "Ensayo sobre la ceguera", al cine.
Desde el aeropuerto hasta la sala principal de la alcaldía de Lisboa, donde se instaló la capilla ardiente, fue trasladado el féretro del escritor, cubierto de una bandera portuguesa.
La comitiva procedente del aeropuerto, formada, entre otros, por la viuda de Saramago, la periodista española Pilar del Río, la hija de su primer matrimonio, Violante, y la ministra de Cultura portuguesa Gabriela Canavilhas, fue recibida por el alcalde de Lisboa, Antonio Costa.
El féretro de Saramago ingresó a las 15.30 locales a la municipalidad en medio de aplausos de ciudadanos que rodeaban el edificio, en cuya fachada se colgaron dos grandes fotografías del escritor portugués acompañadas con la frase "Gracias, Saramago".
Además de familiares y amigos, pasaron por la capilla ardiente, entre otros, el ministro de Interior portugués, Rui Pereira, y los secretarios de Defensa y Cultura, Marco Perestrello y Elísio Summaviel.
También asistieron Jerónimo de Sousa, secretario del Partido Comunista, en el que Saramago militó toda su vida, y la ministra de Cultura de España, Angeles González-Sinde.
La capilla ardiente permanecerá abierta al público hasta la celebración de los funerales y luego una ceremonia a las 11 locales del domingo en el cementerio Alto de SÆo JoÆo de Lisboa, donde el cuerpo de Saramago será incinerado.
Mañana, además, concluirá el duelo nacional de dos días decretado por el gobierno del primer ministro José Sócrates.
El novelista murió ayer a las 12.30 locales en su residencia de la localidad de Tías, en las Islas Canarias, donde se instaló una capilla ardiente por la que pasó Carlos Fuentes, quien hoy lo definió como "un hombre con mucha rabia y mucha furia".
"Y qué bueno, porque se enojaba contra los hijos de puta", dijo Fuentes en declaraciones desde Londres al diario mexicano Reforma.
Saramago vivía en Lanzarote desde 1993, luego de abandonar Portugal por conflictos que mantuvo en ese país con la jerarquía católica, tras la publicación de "El Evangelio según Jesucristo".
Precisamente hoy, el Osservatore Romano, diario de la Santa Sede, criticó la posición ideológica de Saramago, pues, a su juicio, se declaraba preocupado por las Cruzadas o la Inquisición pero parecía indiferente ante los crímenes del comunismo.
(ANSA)