CARLOS REYES
Hoy a las 20 horas en la Sala de Conferencias del Solís se hará presente el novelista chileno Hernán Rivera Letelier, quien se encuentra de visita en Montevideo para presentar su novela "El arte de la resurrección", ganadora del Premio Alfaguara 2010.
El relato ubica al lector en una historia sobre una segunda venida de Cristo, durante la primera mitad del siglo XX, a los perdidos territorios de las salitreras chilenas. Para eso, su autor mezcla la crónica histórica con elementos del realismo mágico. Rivera Letelier reconoce que ese universo literario tiene dos maestros a los que siempre relee: Rulfo y García Márquez.
"Esta es una novela que de alguna manera le debía a mi viejo, que fue un predicador de la calle. Escribirla fue una verdadera fiesta, aunque le estuve haciendo el quite hace años, como que no me atrevía a escribirla, pero cuando empecé a hacerlo me di cuenta que en mis genes estaba el tono, y el lenguaje bíblico, que lo conozco muy bien, porque me crié con la Biblia, y el desierto, que lo conozco mejor que nadie".
El novelista reflexiona que al meditar luego de escribirla, sintió que de alguna forma hay un paralelo entre un predicador y un novelista. "Yo soy un predicador, no en el desierto sino desde el desierto, y creo que he hecho el milagro de resucitar la historia de esa pampa, de esa gente que sufrió tanta injusticia moral, social y laboral: esa historia que nadie quería recordar. Y estoy como repoblando los pueblos fantasmas que quedan en el desierto".
El desierto es el gran personaje de mi obra, afirma el autor, agregando que sus personajes no podrían existir en otro entorno. "Creo que hay algo positivo y algo negativo entre ésta y mis novelas anteriores. Lo positivo es que el lenguaje está más decantado: si hoy me pusiera a corregir La reina Isabel cantaba rancheras, le sacaría no sé cuantos adjetivos. Pero a la vez se ha perdido, y eso es irremediable, esa inocencia, espontaneidad, esa cosa candorosa".
Pero más allá de esas apreciaciones, Rivera Letelier prefiere considerar a El arte de la resurrección como una novela más dentro de su obra: "Al fin y al cabo, después que estuvo escrita es una más. Hemingway decía que toda novela publicada es un león muerto. Ahora estoy escribiendo tres a las vez, y estoy descubriendo que es muy bueno: es como tener tres mujeres para tener sexo", bromea.
El narrador sabe que no hay recetas para escribir una novela, y eso es de alguna manera lo interesante. "Cada vez que me siento a escribir una novela yo no sé si me va a salir o no. Sería muy aburrido si se supiera cómo se escribe una novela. Yo escribo con una historia muy como difusa en la cabeza, y empiezo a escribir y la empiezo a descubrir. La misma historia me va dando el tono, el lenguaje, la estructura, los personajes van apareciendo. Y eso es lo rico, uno va descubriendo cosas y se va sorprendiendo, y al sorprenderse uno se sorprende luego el lector".
Pese a que él no sigue una hora de ruta ni traza esquemas, sí deja caer algún consejo para un novelista principiante: "Un consejo, si le gusta la prosa, si quiere escribir una novela, que primero escriba poesía un par de años, sonetos, décimas. Escribir con métrica es un ejercicio impagables: uno adquiere el amor por las palabras, el ejercicio de la síntesis, y después, cuando uno se largue a escribir prosa, va a tener más libertad".
Al ser consultado sobre si existe hoy una novela latinoamericana al modo de lo que fue cuatro décadas atrás, Rivera Letelier no duda en contestar con una negativa. "Actualmente hasta la literatura se globalizó y eso es un poco lo que buscan los escritores jóvenes, y yo encuentro que es un desatino. Un mexicano escribe una novela que puede estar escrita en cualquier parte del mundo. No hay una novela con identidad, y eso es lo que yo echo en falta. Mis novelas no se pueden escribir en otra parte del mundo más que ahí: yo tengo la suerte de tener todo ese universo para mí solo".
Sobre estos y otros temas el autor conversará hoy con el público uruguayo, en un encuentro en el que participa también el escritor Mario Delgado Aparaín.
"Yo me siento como un lobo estepario en mi país"
"Me siento un lobo estepario en mi país, escribiendo la historia de mi hábitat. El desierto es mi Macondo, mi Santa María. Y eso es lo que me critican los comentaristas de libros en Santiago de Chile: otra vez el desierto, otra vez estos personajes. Es como si yo le dijera a los escritores de las ciudades, otra vez los bares, otra vez el departamento y el triángulo amoroso. Ese es su universo, y este otro el mío. ¿Por qué me iba a salir de él?"
"Yo viví de cerca la política: hace cuatro años atrás fui candidato a diputado, y no se lo recomiendo a nadie. Es decir, si el escritor tiene el cuero para sufrir todo lo que se sufre en el mundo de la política, allá él. Pero casi siempre los escritores somos en general gente muy sensible, que de la política sale desecha. Yo al mes ya me di cuenta que no servía para eso y terminé siendo el anticandidato, y diciéndole a la gente que no votara por mí".
"Onetti es un maestro, y también Quiroga: cuando empecé a escribir, me leí sus cuentos como 40 veces. Pero yo más que leer, hoy releo. Porque hoy no encuentro autores como aquellos, que era imposible no leerlos".