OSH | Unos 100.000 uzbekos que escaparon de las sangrientas turbas de kirguisos se agolpaban ayer en la frontera con Uzbekistán, mientras la violencia étnica más cruel de los últimos 20 años dejó en llamas una de sus principales ciudades.
Por cuarto día consecutivo la ciudad sureña de Osh ardió en llamas y las cifras oficiales ascendieron a 124 muertos y casi 1.500 heridos.
Los uzbekos son cerca del 15% de la población de ese país y el gobierno no logra controlar los incidentes de violencia étnica que dejaron cuerpos calcinados en las calles, vehículos incendiados y casas quemadas.
El jefe adjunto regional del ministerio de Situaciones de Emergencia uzbeko Izzat Ibraguimov declaró que unos 60.000 refugiados ya fueron registrados en la región uzbeka de Andijan, cifra que no contabiliza a miles de niños. La frontera se vio desbordada y Uzbekistán pidió ayuda internacional y la cerró, dejando a miles sin poder cruzar.
Naciones Unidas envió "ayuda y equipo de urgencia" a Uzbekistán y la embajada de Estados Unidos en Kirguistán dijo que donará más de un millón de dólares. El presidente ruso, Dimitri Medvedev, consideró "intolerable" la situación.
"Es muy grave para esta región y por eso hay que hacer todo lo posible para poner término a esos actos", declaró. AFP