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Francisco Faig
La pulseada entre los sindicatos y el gobierno de izquierda es de resultado incierto. Y preocupante.
La fórmula que planteó el Ejecutivo en Conaprole inclinó la balanza hacia el sindicato. Amenazada con nuevos paros y urgida por una mayor remisión de leche, nada asegura que en la primavera la empresa pueda finalmente echar al funcionario en cuestión.
Pero el caso Conaprole no es aislado.
La voluntad del Ejecutivo de incluir criterios de productividad en los ajustes salariales futuros, ya fue condicionada por Juan Castillo a la codirección sindical de las empresas: "porque si me dicen a partir de ahora ustedes reciben un aumento de salario en función de que la empresa rinda más, entonces déjenme a mí decidir qué elaboran, a quién le venden y cuál es el producto final".
El sindicato de la enseñanza fijó su meta del 6% del presupuesto, independiente de toda evaluación de gestión. Los sindicatos públicos pretenden injerencia directa en la elaboración del presupuesto de cada organismo. Laner del Pit-Cnt, fue claro: "Antel tendría que discutir su futuro con los trabajadores, lo mismo tendría que hacer el Ministerio de Ganadería, y el de Salud Pública".
Estamos enfrentando una tragedia anunciada. El triunfo de Mujica en la interna de la izquierda fue gestado desde el convencimiento de la "profundización de los cambios" para las bases del Frente, los sindicatos y las fuerzas sociales afines. Más temprano que tarde, la necesidad del giro a la izquierda habría de ser marcado con decisión por los compañeros.
Ese giro implica poner en duda la democracia representativa desde la fascista concepción del papel preponderante de las corporaciones en el destino nacional. Implica también, liquidar la autonomía de la política desde el peso abrumador de sindicatos amañados al estilo peronista.
El segundo semestre será decisivo. La polisemia de los discursos de 2009 del hábil candidato Mujica permite al actual presidente emprender caminos distintos a los que exige la barra frenteamplista y sindical. Con su legitimidad histórica y política, puede llamar al orden y desandar el camino que pone al país de rehén de los sindicatos. Sufrirá sí, un gran costo político en la interna. Nadie descarte además, que precise de una represión inaudita en un presidente-compañero que, ironías de la Historia, lo acerque al estilo Pacheco de ejercicio de la autoridad.
O puede ceder a la presión, convencido de que el crecimiento económico todo lo disimula. Así, lo de Conaprole será una inocentada al lado de la dictadura sindical que se perfila.
Es que nadie hay en el espectro político de izquierda que pueda poner freno al exceso sindical que no sea el propio Mujica. Astori perdió la interna, justamente, por no representar fielmente el sentir izquierdista -corporativo- popular; Vázquez no va a deslegitimar su candidatura de 2014 siendo menos "izquierdista" que el presidente.
Dicen que Mujica es pragmático. Pero sabemos que la barra transpira corporativismo. Cuidado: estamos al filo del precipicio.










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