Luis Romero
El futuro director nacional de Trabajo hará uso de las herramientas de negociación que le otorgó una dilatada trayectoria como negociador sindical. No obstante, ya les advirtió a los representantes empresariales que habrá que negociar todo y no sólo salario como ellos pretenden. El Consejo de Ministros del lunes 14 oficializará su designación y se estima que asumirá oficialmente el martes 15.
Pablo Melgar
-Usted tiene un pasado sindicalista. ¿Cómo se siente ahora que va a estar del otro lado del mostrador?
-Voy a estar en un lugar en el que hay que tener un permanente equilibrio y ser lo más objetivo posible. En el Pit-Cnt ocupamos la Secretaría de Relaciones Laborales, trabajamos con compañeros importantes que nos fueron enseñando. Tengo un relacionamiento equilibrado con los empresarios, a pesar de los problemas hemos encontrado camino para dialogar y no se cierren todas las puertas. Lo que vivimos en Funsa también es parte de esto, tuvimos que negociar en todos los niveles.
-Así que de alguna forma también fue empresario.
-Administramos una empresa para lo que a veces no estamos preparados, creo que ahora la gente se está capacitando para ese tema sin perder su noción de quién es. Cuento con una gran ventaja: conozco a mucha gente, a los abogados y funcionarios de Dinatra y a los sindicalistas que están en actividad. Sé que van a venir a conversar porque tomando unos mates podemos encontrar la corrección a los problemas.
-Durante el gobierno de Tabaré Vázquez se aprobaron varias leyes laborales que fueron bien recibidas por los sindicatos pero cuestionadas por los empresarios, que opinan que el gobierno se inclinó para el lado de los trabajadores. ¿Cómo lo ve usted? ¿Este gobierno equilibrará la balanza?
-Hay que ver cómo se aplican las cosas. A priori no digo que la balanza se inclina para un lado o para otro, de lo contrario estaríamos demás en este lugar. Hay que darle el sentido a esas normas con el que fueron hechas, pero si hay que hacer alguna corrección para que las cosas salgan la vamos a hacer.
-El gobierno pretende que los acuerdos salariales sean por tres o cinco años. ¿Es una forma de comprar paz laboral en el período?
-No, la paz laboral no se compra ni firmando por 10 años. En el convenio colectivo se pone una serie de normas, basta que una parte diga que algo no se puso en el acuerdo para terminar con un lío. El problema es saber si las empresas van a poder sustentar durante cinco años los mercados y si vamos a tener la actitud reflexiva para beneficio de la sociedad de este país. Lo peor que nos puede pasar es que tengamos un montón de certezas y terminemos con un montón de frustraciones. Aquí se trata de tener confianza entre las partes. Una vez firmado el acuerdo hay derechos y obligaciones, no hay tierra conquistada, hay compromisos importantes para mantener.
-A usted le tocará conducir el proceso de negociación colectiva que está comenzando. Los sindicatos ya criticaron los criterios fijados por el gobierno para estas negociaciones. ¿Cree que será una negociación complicada? ¿Quiénes cree que van a poner más objeciones, los empresarios o los trabajadores?
-Ambas partes. Vamos a tratar de aportar la infraestructura, para eso estamos tomando nuevos técnicos para atender también a la parte pública. Fijaremos las reglas de juego pero los responsables de esto son quienes están en las mesas de negociación, es ahí donde se debe discutir, no en la prensa. Si alguien de afuera está anunciando que habrá complicaciones y se les promete públicamente a los trabajadores cosas maravillosas, se comienza el partido un poco complicado. Los empresarios dicen que hay que discutir solo salarios. No es así, aquí se discute todo. Para una empresa es muy importante el ambiente en que los trabajadores se desarrollan, tanto como el salario, de nada sirve ganar bien si estamos metidos entre el ácido o el hipoclorito.
-El conflicto de Conaprole abrió un debate sobre el derecho de las empresas a despedir trabajadores a los que les pierda la confianza. ¿Cuál es su opinión en este conflicto?
-Todo el mundo tiene derechos y obligaciones. Espero que la Justicia defina este asunto y de ahí en adelante comenzaremos a discutir con las partes.
-¿Cree que el sindicato exageró al desatar un conflicto por una sola persona?
-Ningún trabajador debe poner en peligro su empresa. Es su empresa porque es su fuente de trabajo, de la que vive su familia y muchas otras familias. Jamás se puede poner en riesgo esas cosas. Tampoco permito que nadie sea más que la Justicia porque sino cada empresa va a tener sus leyes. Por otro lado creo que los conflictos son entre las partes, si empezamos a tener hinchada en los costados y todo el mundo empieza a opinar, ahí se complica la situación.
-¿Por qué no está de acuerdo con las huelgas de hambre?
- Yo no le voy a decir a otro lo que yo no voy a hacer, ni voy a mandar a otro compañero a donde yo no voy a ir. Hay que ser muy leal con el trabajador. En este país hubo muchas huelgas de hambre. Esta medida exige un sacrificio muy grande, la hacen muy poquitos y genera desgaste en la opinión pública.
"No hay que ocupar por ocupar mismo"
-Las ocupaciones de lugares de trabajo fueron una de las mayores polémicas de la pasada administración, al punto que el propio gobierno dijo que a los sindicatos se les había ido la mano. Teniendo en cuenta que usted ocupó muchas veces su lugar de trabajo, ¿qué política va a seguir este gobierno con las ocupaciones de empresas?
-Creo que no hay que hacer ocupaciones por las ocupaciones mismas. Antes de eso hay un camino largo a recorrer y tiene que haber reglas de juego claras para hacerlo. La ocupación es un arma importantísima que hay que ver cómo y al final de qué manera se usa. Lo mismo pasa con las huelgas de hambre con las que no estoy de acuerdo en absoluto.
-En 1992 una ocupación de 75 días en Funsa en la que usted estuvo, terminó con una desocupación por la fuerza. ¿Qué opina de la represión?
-Fue el conflicto más duro, perdimos, tuvimos 72 despedidos, entre ellos dirigentes sindicales. Llega un momento que ya no hay soluciones y el gobierno puede tomar la decisión de desocupar, puede que el gobierno no acceda. Yo creo que no se debe llegar al desalojo mientras hay negociación entre las partes. A veces alcanza con que se intime a los trabajadores y no es necesario atropellar. Cuando la represión se desata es desmedida, ningún trabajador puede pelear con los que entran a caballo con gases y carros lanza agua.
Perfil
Nombre: Luis Romero
Familia: Casado, dos hijos, trabajan en Funsa.
Deportes preferidos: Discutir, fútbol y caminar.
Amigo de Lula da silva
Votante del Partido Socialista, se vinculó al sindicato de Funsa en el comienzo de los años `60. Nació en el Barrio Sur y en la actualidad vive en La Unión. Durante la dictadura estuvo cinco años preso en el Penal de Libertad. En 1980, durante su exilio brasileño conoció al actual presidente de Brasil, Lula Da Silva, a quien acompañó en la fundación de la central de trabajadores brasileños cuyos estatutos se basaron en los de la CNT uruguaya. Como encargado de relaciones laborales del Pit-Cnt le tocó negociar en decenas de conflictos.