La imagen de la cabecera del puente San Martín en el lado uruguayo es desoladora y los que alguna vez vieron el movimiento que había antes del bloqueo pueden dar fe de ello. Paradores vacíos, oficinas aduaneras sin gente, el departamento de migraciones con dos o tres funcionarios aburridos. Donde antes había un importante trasiego de autos y camiones ahora es terreno libre. Soledad absoluta en un escenario casi apocalíptico.
Los tres años y medio de inactividad hicieron lo suyo.
Unos metros más adelante de la mitad del puente, ya del lado argentino, se advertía sin embargo otro movimiento. Una cuadrilla de funcionarios municipales estaban haciendo tareas de mantenimiento: arreglando luces, pintando barandas, poniendo a punto el puente para su inminente liberación. A unos diez kilómetros de la cabecera se ubica el piquete de Arroyo Verde. Ayer, a las diez de la mañana no más de seis personas lo estaban custodiando. En su gran mayoría eran personas mayores, que estaban sentadas al borde de la ruta, tomando mate, matando el tiempo.