El presidente José Mujica ha decidido que su gobierno tendrá, sí o sí, una buena relación con Argentina y con quienes le gobiernan en la actualidad. A eso está abocado desde bastante antes de asumir y en eso ha trabajado, quizá más que en cualquier otro tema, en sus primeros cien días de gestión.
La tarea no es fácil. Del otro lado gobierna un matrimonio que ha demostrado querer muy poco al Uruguay y a los uruguayos. Gente que todos los días demuestra un escasísimo respeto por los derechos de los demás. Que a quienes piensan diferente sólo sabe comprarlos o combatirlos ferozmente. Que privilegia el enfrentamiento. Que no sabe qué es el diálogo y que recurre con demasiada frecuencia a los peores métodos del peor peronismo.
Mujica está decidido. Desde su asunción ha viajado más veces a Buenos Aires que a cualquier rincón de nuestro país. Ha puesto una mejilla primero y la otra después. Ha apostado a la buena voluntad de su contraparte. Ha aceptado apoyar la candidatura de Mister K a la presidencia de un organismo (Unasur) que nuestro país no ha siquiera avalado. Y con ello, ha mostrado que está dispuesto a olvidar que ese señor fue quien se puso al frente de los piqueteros de Gualeguaychú que mantienen el vergonzoso corte del puente San Martín. Lo hizo siendo presidente, en un acto oficial, financiado por su gobierno, donde defendió el derecho de estos personajes a bloquear un puente y dijo que el reclamo de estos personajes era "causa nacional" para Argentina. Y tuvo en todo momento el apoyo de su canciller, que es el mismo con el que su esposa viene ahora a "negociar" a Uruguay.
¿Qué hemos obtenido hasta ahora? Poco, tirando a nada. El puente sigue cortado. La presidenta argentina se ha reído de los uruguayos diciendo, en nuestra casa, que ella no va a desalojar a los piqueteros porque la represión no está en su ADN. ¿Desde cuándo, señora Cristina? ¿Se olvida que los uruguayos vimos cómo su Gendarmería desalojaba a palos y metía presos a los ruralistas que cortaban rutas en rechazo a una de sus arbitrariedades? ¿Se olvida que vemos por TV cómo la Policía, o las patotas sindicales K, sacan a la fuerza a todo aquel que reclama contra su gobierno? ¿Por qué tiene un ADN para lo que le conviene y otro para lo que no quiere hacer?
El piquete sigue, y encima nos piden que dejemos a Argentina controlar a una empresa que opera en Uruguay entrando en su planta. El gas de Bolivia va a llegar a Uruguay previo paso por Argentina, pero con condiciones y como una concesión graciosa. El río Uruguay se va a dragar porque ahora ellos quieren que se haga. Pero de paso piden que los pollos argentinos entren al Uruguay (cuando se dio el paso con Brasil estaba visto que atrás venían los K). Y tienen el descaro de negar en nuestra cara las trabas a la exportación de productos uruguayos.
¿Qué sigue? ¿Dar acceso a información sobre los intereses de argentinos en Uruguay? ¿No será que esta invitación a ser hermanos nos terminará saliendo, al final del día, demasiado cara?
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