HUGO GARCÍA ROBLES
En 1929 Mauricio Ravel compuso un concierto para piano que comprende un solo movimiento y que se ejecuta con una sola mano. El origen de esta insólita obra no era un capricho del genial creador sino la situación de invalidez relativa del pianista Paul Wittgenstein, quien como consecuencia de su participación en la Primera Guerra Mundial había perdido el brazo derecho.
Wittgenstein había nacido en 1887 en Viena, en el seno de una próspera familia que era uno de los hogares más representativos del alto nivel cultural de esos años finales del siglo XIX en Austria. Ese esplendor se mide en la presencia del escritor Robert Musil, de Mahler, la arquitectura de Olbricht, la pintura de Klimt y los aportes filosóficos del Círculo de Viena, al cual perteneció Ludwig Wittgenstein, hermano de Paul y autor del famoso Tractatus.
Paul fue un niño prodigio y ese talento temprano le permitió en sus primeros años integrar dúos de piano con Mahler, Brahms y Ricardo Strauss. Debutó como solista en 1913, pero al año siguiente es llamado a filas. En Polonia es herido y apresado. Sus heridas en el brazo derecho determinan la amputación. Terminada la guerra, Paul se empeña en no abandonar el teclado, investigando para obtener música que fuera pasible de ser interpretada con una sola mano. Su antiguo maestro Labor lo asiste en esta tarea y el eco de este empeño conmueve a varios compositores como Prokofiev, Britten, Korngold, Hindemith, Richard Strauss que crean obras dedicadas a él.
Ravel estaba componiendo su famoso concierto para piano en sol mayor, cuando lo visita Wittgenstein en su casa. La impresión que recibe el maestro francés es tan poderosa que abandona la obra para poder abordar el hoy famoso Concierto para la mano izquierda.
Fue estrenado el 5 de enero de 1932 con el propio Wittgenstein como solista y la Sinfónica de Viena dirigida por Robert Heger. Posteriormente Ravel pudo escuchar la interpretación de Paul y se indignó ante los cambios hechos por el pianista en la orquestación. La diferencia finalmente se zanjó y Ravel dirigió su concierto con el propio Paul como solista, quien aceptó respetar la partitura original, el 17 de enero de 1933 en París.