Helen Thomas
PERIODISTA
La famosa periodista, que cubrió durante 49 años la presidencia de Estados Unidos, anunció su retiro después de las críticas recibidas por un comentario considerado antisemita. Durante una entrevista, dijo que los judíos deberían "largarse de Palestina". Conocida por sus preguntas incisivas, la mujer de 89 años tenía un sitio reservado en la primera fila de la sala de prensa de la Casa Blanca. El 4 de agosto de 2009, el presidente Barack Obama ingresó a esa sala con masitas para ella, puesto que ambos nacieron el mismo día.
Helen Thomas (89), la periodista más famosa entre los corresponsales de la Casa Blanca, renunció a su puesto tras cubrir durante 49 años las declaraciones de los presidentes de los EEUU. Era muy joven cuando inició su carrera periodística ante el presidente John F. Kennedy, y se hizo famosa por su estilo irreverente y punzante. Esta semana, Thomas anunció su jubilación después de unas polémicas declaraciones en las que cuestionó al Estado de Israel. Las opiniones de Thomas fueron vistas en You Tube por casi un millón de personas.
UNA OPINIóN POLÉMICA. La controversia empezó el 27 de mayo, día en el que la Casa Blanca celebra el Día de la Herencia Judía. El rabino David Nesenoff, fundador de la web Rabbilive.com preguntó a Thomas "¿Algo que decir sobre Israel?", y ella respondió: "Dígales que se vayan de una vez de Palestina". "¿Algún comentario mejor?", insistió Nesenoff, con voz distendida, mientras Thomas se reía. "Recuerde: esa gente está siendo ocupada", replicó la periodista, refiriéndose a los palestinos. "Y es su tierra. No es Alemania, no es Polonia". "Entonces, ¿a dónde deberían ir?", preguntó Nesenoff refiriéndose a los judíos que viven en Israel. "A casa". "¿Dónde está su casa?", insistió el rabino. "Alemania, Polonia, América, el resto del mundo".
El video con el diálogo, que está en Rabbi Live, puso en jaque la carrera de Thomas. El viernes, la periodista colgó un comunicado en su página web disculpándose, pero no apaciguó la polémica. Las declaraciones de la veterana profesional generaron un aluvión de condenas en el país y la indignación del gobierno estadounidense, la comunidad judía y varios de sus colegas. Los duros comentarios de Thomas, que alguna vez figuró entre las 25 mujeres más influyentes de EEUU, no pasaron inadvertidos para el gobierno de Barack Obama, y ayer fueron calificados de "ofensivos y reprochables" por el vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs.
"Muchos en nuestra profesión, que hemos conocido a Helen por años, estamos entristecidos por esas declaraciones, que fueron especialmente desafortunadas", expresó por su parte la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca en un inusual comunicado.
Después de las declaraciones de Gibbs, Thomas anunció su retiro de la cadena de periódicos Hearst Corporation,
Thomas es lo que en EEUU se llama una "liberal" irredenta, es decir, una izquierdista que no puede ni ver a los republicanos. Prueba de esa ideología fue su decisión de abandonar la agencia UPI en el 2000, tras 57 años de trabajo, cuando la empresa fue adquirida por la ultraconservadora secta Moon. Para muchos, la veterana periodista era un elemento folklórico en las conferencias de prensa en la Casa Blanca, justamente por su actitud independiente frente al poder. En la actualidad, trabajaba para el grupo Hearst.
Nacida en 1920, la "primera dama" de la prensa llevaba sentada 50 años en las primeras filas de las ruedas de prensa de la Casa Blanca, Antes de anunciar su retiro escribió en su sitio: "Me arrepiento de las declaraciones que hice la semana pasada sobre los israelíes y los palestinos". (basado en la NACIóN)
Por una pregunta incisiva
Por experiencia y prestigio, Helen Thomas se sentó a diario en la primera fila de la sala de prensa. Desde la presidencia de John F. Kennedy, todos los presidentes acostumbraron a dejarle la última pregunta para el cierre de la sesión con su famoso "Thank you, Mr. President". Hasta que en marzo de 2006 preguntó a Bush lo que no debía. "¿Me gustaría preguntarle, señor presidente, por qué quiso ir a la guerra?". La pregunta le costó a Thomas el enfado de Bush, las críticas de muchos de sus compañeros y un castigo muy especial: a pesar de su merecida reputación, tuvo que sentarse durante algún tiempo en la última fila.