Es un placer entrevistar a un actor que no trata de vender la película sino de analizarla. "Dos hermanos", filme en que el director Daniel Burman reunió a Graciela Borges y a Antonio Gasalla, llega este viernes a la cartelera montevideana, y el actor argentino aprovechó para contar entretelones del rodaje, reflexionar sobre su difícil personaje y dejar caer alguna noticia sobre sus proyectos de futuro, que incluyen traer su obra "Más respeto que soy tu madre" a Uruguay.
Carlos Reyes
- ¿Qué le pidió Burman al momento de componer su papel en "Dos hermanos"?
- Nos pedimos mutuamente, porque mi personaje es poco expresivo, habla poco, y eso para un actor es tener menos medios. Tuvimos que hablar mucho del personaje, un ser bastante inactivo, que ha hecho pocas cosas en su vida. Ver qué le pasó, para saber por qué se quedaba tan dentro de sí mismo. A veces el director explicaba cosas que tenía claras, y otras veces, él, Graciela y yo, no te digo que inventáramos, pero teníamos que buscar las conexiones que hacían que esos personajes se relacionaran de esa manera tan particular.
- ¿Cómo es Burman como director?
- Es un tipo muy decidido, que tiene muy claro lo que quiere, y está muy reafirmado por su equipo técnico. Hugo Colace, el director de fotografía, es uno de los mejores de Argentina. Y una película con un director de fotografía sólido, de alguna manera garantiza que va a estar bien mostrada. Casi te diría que los actores de cine dependemos más del director de fotografía y del iluminador, sobre todo para fotografiarte la cara, cuando tenés más de 20 años. El cine tiene toda una mística, y hubo una unión muy grande en el equipo. A veces no hacía falta ni pedir silencio: éramos 60 personas, todo el mundo trabajando, y de pronto se dice, `vamos a filmar`, y no es como la televisión o el teatro, que hay que ir agarrando a la gente de a uno. Y eso es muy bueno para la concentración del actor.
- ¿Lo satisfizo el trabajo de edición de la película?
- Bueno, en cine te tenés que mentalizar que no tenés nada que ver con la película: la película es del director. Hay muchísimas cosas que filmamos que no están, sobre todo las de Uruguay: no hay casi nada. Estuvimos cuatro semanas entre Conchillas, Nueva Palmira y Carmelo, y de eso casi no quedó nada. Eso forma parte de la autoridad, o la batuta, del director para armar la película que quiere. Entonces, no es que no me satisfizo: no vi eso. Es la primera vez que me pasa eso. De las pocas cosas que filmé, siempre te falta un plano o dos, pero no me había pasado que falte todo un pedazo de la historia del personaje. No lo vi: algún día le voy a pedir al director que me lo deje ver, porque hay una pequeña frustración realmente con eso.
- ¿Le molestó tener que repetir muchas veces una escena?
- El cine tiene una parte muy dura que son las repeticiones, más en casos como éste, que se filmó en digital. Cuando se filmaba en celuloide, que es de lo más caro de la producción, los productores siempre andaban atrás del director para que filme menos. Ahora la cosa cambió y se filma digital: la cámara tiene dentro un disco rígido de seis horas, o sea que podés filmar lo que te dé la gana, luego se baja y se manda editar. El cine cambió mucho en ese sentido, porque mientras vos filmás, hay alguien que día a día recibe el material filmado y ya lo empieza a armar. Y de golpe, un director filma 20 tomas, y a la decimonovena ya no sabés qué estás diciendo. Así se hace bastante más duro para el actor. Para el director no.
- ¿Lo removió su personaje?
- No. ¿Sabés que pasa?, yo tengo un hermano solo, mayor que yo, al que veo todos los días, nos conocemos muchísimo. De miles de cosas prácticamente ya no necesitamos hablar. Él trabaja conmigo en cosas de mi profesión, viene todos los días al teatro, vive a una cuadra de mi casa: así que no puedo comparar el vínculo para nada. No tenemos esa cosa, digamos, intrincada, que tiene esta película.
- Pero más allá de eso: esa cosa interior que tiene su personaje, ¿no lo tocó?
- Me pasa, al día de hoy, que hay un montón de cosas del personaje todavía dentro mío que son como una intriga. Mi personaje no habla, no cuenta lo que hace, no ves cuándo lo hace. Yo hay cosas del personaje que las hice porque hablamos mucho de él, y vos hacés una especie de cuadro psicológico de él. Pero realmente yo hice cosas que no sé por qué las hice.
- ¿Cómo fue rodar en Colonia?
- Trabajamos de una manera muy increíble. En Carmelo, la gente durante la filmación fue una experiencia aparte. Las escenas que hacíamos a la noche, frente a ese río, con un frío bárbaro. Y estaba toda la ciudad en la vereda de enfrente, esperando en silencio: y nos agradecían por haber elegido ese lugar. Y ahí vos entendés: que aparezca el cine en una ciudad así, modifica un poco la manera de pensar de la gente. Vos entendés que a través de esa película se va a saber cuál es esa ciudad. Y la municipalidad pintó frentes de casas, arreglaron locales, pavimentaron calles. Realmente fue emocionante trabajar acá. Todo eso no está en la película. Pero bueno, el director pone y saca lo que se le da la gana.
- ¿Cómo fue el trabajo con los actores uruguayos, especialmente con Florencia Zabaleta y Julio de León?
- Mirá, eso fue justamente lo que no salió en la película, y es una historia tan linda. Mi personaje, cuando viene al Uruguay, está desvalido, la vida no lo trató bien. Y acá conoce gente uruguaya: le llama la atención cierta ropa que usan los uruguayos, y se empieza a vestir como uruguayo, con una bufanda, la matera. Toda esa historia, sin ser cómica es muy graciosa. Tanto con el personaje de Florencia como con el de Julio: gente que se interesa por él, que le preguntan cómo está, cosa que a él nadie le preguntaba. Y surge un afecto muy particular, nuevo para él, muy sencillo, muy de pocas cosas. Y hay escenas muy lindas de acá en Uruguay, esas escenas de embrión de una vida nueva, que no están en la película.
- ¿No le pasó que el director le tuviera que insistir para que no le infiera toques cómicos a su personaje?
- No, eso me pasó porque él tiene como una cosa de enfriar los sentimientos. La cosa era ir a menos, menos divertido, todo menos, pero también era con Graciela. Para mi, a la película le falta un poco más de lo que pasa en la vida. Es decir, si los dos hermanos llegan a tener algo de enfrentamiento, es mínimo, y siempre dominado por la hermana. Y no sé: es una cosa totalmente personal. Me parece que cuando vos vas al cine, y el conflicto se centra en dos personas, hay un momento en que necesitás, casi sin darte cuenta, que pasen ciertas cosas. Por ahí es la experiencia de vida de cada uno. Pero esas son las cosas que te digo que no las entendí y las resolví como el director me las pidió. Este hombre no reacciona, y bueno, no reacciona. Eso yo lo objeté bastante. Porque también cuando vas transitando un laburo, el cuerpo te empieza a pedir lo de la actuación, y pensás, cuándo le doy el bife, cuándo le doy la trompada.
- ¿Qué balance hace entonces de este trabajo?
- En la película, lo distinto que pasa conmigo es que se me ve transitando sentimientos dolorosos, de frustración, o de cosas de alienación de la vida en que se vive hoy día. La película muestra ese sector de gente que después de cierta edad ya no tiene ningún valor. Pero no lo veo como una cosa fundacional adentro de mi.