SEBASTIÁN AUYANET
Jasmine, Ennio y Linda son apenas tres caras de los intercambios culturales para jóvenes AFS, que han transformado en uruguayos por un año a decenas de estudiantes de más de 50 países en una red que existe desde la posguerra.
"Que los países tengan cara de personas, que es lo real", explicó una de las coordinadoras de la organización acerca de los objetivos del intercambio que todos los años trae estudiantes extranjeros a Montevideo. Hoy viven en la ciudad dos estudiantes tailandeses, dos alemanes, dos italianos, un danés y un chico de Hong Kong, todos integrados a liceos y a familias uruguayas.
En la AFS dicen que está comprobado que cada adolescente que se acerca a la experiencia impacta en, por lo menos, 10 personas de su entorno. Y esa es la idea.
"La experiencia es propiamente un intercambio, porque influye a quien viaja pero también al entorno al que llega. El otro es como un bebé en tu cultura, entonces te anima a vos a mostrársela, y para eso tenés que mirarla muy bien", explicaron los coordinadores.
En Uruguay, Ennio, Linda y Jasmine son tres chicos extranjeros de 17 años que viven esa experiencia. "Acá en Uruguay la vida es más divertida. Te podés acostar a las 6 de la mañana y salir a bailar a la 1 o a las 2, que es la hora en que en mi país la gente se va a dormir", afirmó Linda, una italiana que hace once meses llegó desde Udine.
Pero en un intercambio de adolescentes no todo es tan simple. "Adaptarse a la familia que te va a hospedar es fundamental, y puede no suceder", dijo Ennio, otro italiano que viene de Palermo y que, al estilo de Woody Allen en la película Zelig, la forma de hablar "a la uruguaya" le sale sin esfuerzo.
Ennio dice que la experiencia es buena para quien se integra a un entorno tan distinto porque, antes que nada, pone a prueba la autoestima y la capacidad de adaptación. "Acá tenés que saber que la familia con la que vas a vivir es el primer paso para entrar en Uruguay, entonces hay que integrarse a ellos y que pase lo mismo desde el otro lado". Para Jasmine, que viene de Stuttgart (Alemania), el problema fue el liceo. "Yo llegué muy tímida, no hablaba mucho ni en casa. Y en el liceo, todavía menos. Además, no sabía español. Me tuve que cambiar de liceo porque no hice muchos amigos. A lo mejor la experiencia me ha hecho volver de Uruguay sin ser tan tímida" comentó en una voz bien baja que comprueba sus reservas.
Los chicos son seleccionados y asignados por los voluntarios, que generalmente ya pasaron por experiencias de intercambio cultural similares. Ni siquiera el idioma es una barrera, porque la idea es que el intercambio se genere de la forma más natural posible. "Nosotros asignamos una familia y un liceo, generalmente hablándolo con quienes van a hospedar al chico y luego conversándolo con el instituto. La idea es que luego se hagan una rutina propia y puedan hacer lo que quieran", explicó Juan Ignacio Coria, director de proyectos corporativos y becas de AFS.
La misión de la organización está relacionada con que a través del intercambio, el aspirante incorpore costumbres de países que no tienen nada que ver con su entorno, e integrarse a esa nueva cultura. "Es importante encontrarse con el otro, entender por qué actúa de determinada manera, lo cual no quiere decir que lo compartas o no. Simplemente vas a comprender que hay diferentes maneras de hacer", agregó Coria.
"Esperaba un país muy lindo pero nada más. En cambio, me enamoré de Uruguay. Tuve suerte. Por suerte entiendo las oportunidades de ver cosas co-mo las elecciones, la selección yendo al mundial, las costumbres como el mate a la mañana, un asado el domingo, pensar varias cosas `a la uruguaya`, que son costumbres que me voy a llevar siempre a mi vida italiana. Pensar a la uruguaya para mí es disfrutar cierto tipo de música, de las rutinas de mi día, de ir al colegio, de comerme un asado el domingo. todo esto se va a notar en mi vida cotidiana cuando vuelva a Italia", concluyó Ennio.
Más de 50 años de cruces culturales
Al terminar la Primera Guerra Mundial, los voluntarios del AFS (American Field Service) que trabajaban como choferes de ambulancia en la asistencia a víctimas se dieron cuenta de que eso no iba a ser suficiente para recomponer los vínculos entre países.
La idea de los primeros programas de intercambio surgió entre EEUU y Francia, en el período entre las dos grandes guerras.
Es recién en 1952 cuando la AFS comienza a trabajar en el intercambio de estudiantes cubriendo más de 50 países, con el cruce cultural como forma de impulsar la paz y la tolerancia entre los países.
Hoy, más de 312.000 personas han pasado por alguno de sus intercambios.
Pasaje a Japón
Actualmente, la AFS se encuentra seleccionando familias y potenciales becarios para su nuevo período. Esta información se encuentra disponible en el sitio www.afs.org.uy. Entre las posibilidades se encuentra la de seis meses de experiencia en Japón. Un joven uruguayo o argentino será seleccionado.