ALEXANDER LALUZ
Si hay que buscar un lugar concreto, y de preferencia cercano, para aquilatar el legado de los Rolling, la opción es una: Argentina. Y una de las pruebas inequívocas, contundentes, llega hoy a las 21 horas a Montevideo y a La Trastienda: Guasones.
Cierto: no tendría que valer como prejuicio al momento de la escucha. Pero es así: el sonido de los Rolling Stones está ahí, y es algo que muchos van a buscar en sus shows guasónicos. Y otra vez "el pero": la banda de La Plata lleva más de 15 años transitando rutas roqueras, tiempo en el que llevaron ese sello a una versión personal, tamizado con "argentinismos" varios, buenas letras, y, sobre todo, buena vibra roquera. Ideal para canchas.
También cierto: concentrar las influencias, tamizarlas, revolverlas, decidir si dejan en evidencia la guitarra, la batería, la voz, el bajo, u optar por negociar un silencio ante la primera escucha y devolverlas a lo abstracto, no es tarea sencilla. Lleva, otra vez, tiempo. Es, suele decirse, la maduración de un estilo. Luego, esas cavilaciones no siempre conscientes, ni de pulido o engolado tono teórico, se resumen como manifiesto en una, dos o enésimas canciones, o discos. Pero se mantienen, al menos en el caso de Guasones, en algo que no debería perderse tan rápidamente (como suele ocurrir): la decisión de concentrarlas y dejarlas como preguntas abiertas.
Esto es: desde Guasones (2000) a los últimos, Esclavo (2008) y Vivo Luna Park (2009), Facundo Soto y sus colegas han ido destilando un rock guitarrero y "chabón", que, en la mayoría de sus canciones revelan huellas claras. Hay Charly García, por supuesto. Hay Ratones Paranoicos. Hay algunas dosis calamarianas de variable densidad y color. Pero ellas (estas pocas, quizás por aquello de que menos es más), allí, en una orgánica experiencia de la canción roquera y guitarrera, anudadas por lo inefable que hizo y hace al toque inmediatamente reconocible de los Stones. Podrá gustar, podrá apasionar (como efectivamente ocurre), o, también, disgustar o molestar. Pero lo que vuelve a estar claro es que disco tras disco el oficio y la dedicación que Guasones ha ganado en profesionalidad, contundencia y puntería a la hora de definir la dirección expresiva. El resto de la valoración tendría que completarse esta noche, en este regreso a Montevideo.
Y otra vez es cierto: rebobinar historias a veces es necesario.
La Plata, Buenos Aires. Comienzos de los años noventa. Tiempo en el que el grupo afinó las primeras bases de un proyecto musical, para el que eligieron a uno de los archienemigos de Batman como cara visible y nombre. Clubes y bares platenses fueron los primeros escenarios, los de las pruebas, ensayos, y definiciones. Luego, con el apoyo y padrinazgo de Black Amaya (el hombre detrás de los parches y platos de Pappo`s blues, Billy Bond y Pescado Rabioso) los Guasones comienzan a dar pasos decisivos en la arena profesional. El debut en las ediciones fue en 2000, con un disco homónimo que no dejó dudas del mapa concreto de influencias antes anotado. Le siguieron Con la casa en orden, Como animales, Toro rojo, El rock de mi vida (CD y DVD), Esclavo y el último, de 2009, grabado en vivo en el escenario consagratorio: el Luna Park.