JORGE ABBONDANZA
Hasta el 4 de octubre quedará abierta en el Instituto Goethe (Canelones 1524, de lunes a viernes entre las 10 a 12 y las 15 a 20) la exposición de ocho fotógrafos alemanes, integrantes de la agencia berlinesa Ostkreuz.
La palabra alemana Heimat es casi intraducible, como ocurre con los vocablos de significado complejo y difuso, pero puede equivaler a lo que en español se llama terruño, es decir la comarca natal donde cada individuo siente que están sus raíces. Tiene por eso un alcance no sólo geográfico sino también emocional, vinculado con el pasado y con la esfera de los recuerdos personales.
Esa memoria, que en el caso del terruño se compone ante todo de datos visuales, constituye el núcleo de referencias en torno al cual estos ocho fotógrafos alemanes armaron su exposición itinerante. Se trata de algunos de los diecisiete miembros de la agencia gráfica Ostkreuz, cuyos fundadores provenían de la antigua Alemania Oriental y tuvieron la idea de asociarse hace dos décadas, en el momento de la reunificación del país.
exploraciones. Las obras exhibidas -bajo el título "Imágenes de Alemania"- no son sorprendentes y en una primera ojeada ni siquiera resultan seductoras, como las que buscan el brillo formal o tienen un elaborado enfoque. Una observación más detenida permite sin embargo encontrar su propósito, que es el de explorar aquel Heimat para llegar a describir un clima social ya evaporado, un paisaje en transformación, una estampa que enlaza el pasado con el presente. Pero también esa brisa testimonial es discreta, como si se tratara de una intimidad que se resiste a abrirse, y por ello este desfile de imágenes muestra un tinte menos estético que documental, un registro de la vida más que un relevamiento del mundo en el cual ella transcurre.
En ocasiones, esas fotos lucen un sesgo político y a la vez melancólico, como la del muro rojo donde cuelga un viejo retrato de Lenin, que se titula Memorias desvanecidas. En otros casos aparecen revestidas de cierta magia, como la de tres elefantes sobre la nieve de un zoológico invernal, o la de los botes de paseo con forma de cisne agrupados sobre un estanque. El hombre, la naturaleza y los animales pasan por allí a medida que los ciclos -el de las estaciones, las ideologías o las épocas- también corren alrededor de ellos.
TEMPLE. El Instituto Goethe, con germánica disciplina, sigue cumpliendo en el medio montevideano con sus variados compromisos culturales, desde las artes visuales hasta el cine, la biblioteca o el teatro, campo en el cual anuncia que estrenará el mes que viene una nueva pieza del polémico dramaturgo alemán René Pollesch, con equipo y elenco uruguayos. No todos los organismos extranjeros en su sede local (excepto el vital Centro Cultural de España) mantienen esos ritmos ni esa pluralidad, que han decaído en el caso del francés (Alliance), el británico (Anglo), el norteamericano (Alianza) y el Instituto italiano o el brasileño. Lo que les falta a los alemanes es una sede más amplia, para que sus exposiciones tengan el debido desahogo en un espacio apropiado.